El tránsito urbano sin ley

El tránsito urbano sin ley

WENCESLAO TRONCOSO
El grave problema del tránsito urbano no es de ahora. Ya tiene edad madura y luce sin solución. Tal parece aplicársele el aforismo: «árbol que crece torcido, nunca sus ramas endereza».

Para muchos conductores de esos mortíferos artefactos llamados motocicletas ya han resuelto el problema. Suelen eludir el tránsito y burlar a la Policía conduciendo por las aceras. ¡Qué bien! Además de los y las que cruzan la calle como dementes.

Si a eso agregamos, como ha sido denunciado un millón de veces, la falta de semáforos, apagones que no dejan funcionar a los existentes y de ahí los tremendos líos que se arman; todo este enjambre aparejado a la falta de civismo de conductores, que van desde una sonrisa burlona hasta los más soeces insultos a los demás, cuando aprovechan la ausencia de quien puede sofrenarlos. En esta actuación, quizá tengamos que llegar a la conclusión de que, también en cuestiones de tránsito, necesitamos la «cooperación» foránea para decirle a los dominicanos lo que debemos y estamos obligados a hacer para vivir como gente civilizada en las calles de nuestras poblaciones y zonas rurales.

La violación en las calles de una sola vía se hace cada día más frecuente y más peligrosa. Algunos violadores tienen el descaro de estacionar sus vehículos en posición ilegal. La placa en la esquina indicadora de «una vía» no le importa un bledo al infractor.

Sólo cuando hay un policía de tránsito se respeta por obligación la ley.

Viene a mi memoria, a propósito del cumplimiento de la ley, la época cuando siendo un adolescente cursaba la primaria en el Colegio Santo Tomás.

Un día, el profesor, el doctor Bienvenido García Montebruno (Don Bebé), hizo alusión a un viaje a un país de Europa, donde pudo ver un predio con muchos árboles repletos de sus frutos. Un alumno se le ocurrió preguntar: «Señor García, y nadie los vigilaba?».

El profesor, ante tan reveladora pregunta, se limitó a decir «Se ve que tú eres un buen dominicano». Así somos.