El terror oficial a
los dueños del país

El terror oficial a<BR>los dueños del país

El Nacional sin dudas, le endilgó el mejor calificativo a un grupo de sindicalistas del volante, al bautizarlos como dueños del país, ya que con sus desmanes tan frecuentes en contra de la paz ciudadana, las autoridades no emprenden ninguna acción punitiva que los controle, los someta al orden, observancia de las leyes y buenas costumbres.

Desde que el país recuperó la libertad, los choferes se convirtieron en un sector privilegiado por la serie de facilidades, que desde 1961, les fueron otorgadas por los gobiernos. Eran vehículos regalados y donaciones de fabulosas sumas de dinero en supuestos créditos para su compra en que nadie osa cobrarles, so pena de que armen un escándalo o una huelga de transporte.

Los sindicalistas, poderosos y ricos, son dueños de las rutas, aplastan a los rivales o a quien se atreva a oponérseles y amedrentan a los pasajeros que deben utilizar sus servicios, muchos de muy mala calidad, como es el caso de las voladoras, los destartalados e inseguros carros de concho o los minibuses a los pueblos, que con tanta frecuencia, están llevando muertes y lágrimas a la familias dominicanas.

Por una estrategia del c1ientelismo político, las autoridades de los pasados 45 años han sido muy complacientes con los choferes, celebrándoles sus desmanes y permitiéndoles que paralicen el tránsito cuando les venga en ganas, cierren el acceso a los muelles u obstaculicen las vías públicas con sus enfrentamientos y agresiones a los pasajeros. Todavía no se conoce del caso que un sindicalista haya sido encarcelado por años como condena a sus desmanes, agresiones, asesinatos o sus desfalcos en contra del Banco de Reservas para no pagar el dinero que tan graciosamente les otorga el gobierno de turno para adquirir unidades de transporte.

La frecuencia de los sindicalistas del volante, para lanzar a las calles sus huestes choferiles para enfrentar a sus rivales con paros sorpresas, perjudican a los pasajeros, mientras las autoridades permanecen pasivas ante esos desmanes. Esto revela que se trata de una acción de complacencia bien encaminada, con miras a las elecciones del 2010, para lograr el mismo tipo de prebendas que acostumbra otorgar el partido oficial para agenciarse el respaldo de otros grupos políticos de oposición que beneficien sus objetivos de retener el poder legislativo y el municipal.

Los dueños del país se sienten poderosos y se permiten el lujo de dejar que los demás dominicanos, incluyendo las autoridades, circulemos con tranquilidad de vez en cuando, por las calles y carreteras, hasta que a algunos de ellos se les ocurra provocar un paro, alegar que están siendo agredidos por la policía o deciden querer sacar del negocio a algún rival que no se aviene a sus exigencias por ofrecer sus servicios en rutas muy apetecibles por el número de pasajeros.

Es difícil que ahora se quiera o se pretenda domesticar para llevar al orden a los dueños del país, ya que por la proximidad del evento electoral, lo menos que desea el PLD es disminuir el apoyo de un beligerante grupo callejero que atemoriza por sus acciones vandálicas. Necesitan el respaldo de quien sea para retener el poder municipal y legislativo.