El tema haitiano: decisivo y complejo

El tema haitiano: decisivo y complejo

Para los dominicanos, por decir lo menos, el tema haitiano es tan decisivo como complejo. El mismo toca la identidad nacional y abarca asuntos tan espinosos como el racismo, la discriminación y la pobreza.

Al día de hoy, la disyuntiva parece ser, como escribí la semana pasada: “Desintegración de la sociedad y de la nacionalidad dominicana vs. integración a la vida nacional y consecuente aporte de la mano de obra haitiana a la riqueza y al bienestar colectivo”.

No obstante considero que el problema de fondo es si, como sociedad democrática, podremos adelantar una explicación del fenómeno institucional y cultural haitiano en República Dominicana.

En ese contexto, formulo estas nuevas tesis sin pretensión de ser exhaustivo pero sí de propiciar la discusión. Como hube de escribir el sábado pasado al formular otras cinco tesis sobre el mismo tema, mi única pretensión sigue siendo iluminar el camino que aún debemos recorrer en orden a plantear una solución viable y efectiva al fenómeno multidimensional que significa el flujo migratorio haitiano en y hacia el país.

I. Primera tesis:  El tema haitiano está contextualizado hoy día por múltiples incidentes

Diversas agravantes circunstanciales agrietan las relaciones domínico-haitianas en el presente. Ellas van desde la conflictiva historia isleña, hasta la pobreza y la desinstitucionalización de ambos lados de la frontera. Dicho sea de paso, aquella pobreza y esa debilidad institucional vienen reforzadas por la debilidad estructural del Estado de la República de Haití y por la escasez de recursos humanos y de capital humano con que cuenta “in situ” la nación vecina.

Ese contexto se torna cada día más crítico. Lo ensombrecen la incontenible entrada de nacionales haitianos de manera ilegal en el territorio nacional y, a modo de contra moneda, las complicidades y la ausencia de una política migratoria efectiva del lado dominicano.

El flujo migratorio hacia nuestro territorio muestra su rostro más dramático en cada situación de  discriminación en perjuicio de los beneficios laborales de los inmigrantes ilegales; así como en la condición de indocumentados de esa población y la de sus descendientes.

Ahora bien, todo parece ser que la actual entrada de haitianos –ilegales o no– continuará de manera irreversible: al menos, mientras el mercado laboral dominicano brinde a la mano de obra de procedencia haitiana un mayor retorno que en su país de origen.

II.  Segunda tesis:  Las acusaciones y las tensiones del presente se agravarán de manera exponencial

Los conflictos no sólo se harán más graves y frecuentes, sino que favorecerán una convivencia problemática e insostenible en los niveles comunitario, nacional e internacional, en la medida en que: primero, se les sigan reduciendo las oportunidades a los dominicanos en el mercado laboral; y segundo, en tanto que los conflictos entre ambos nacionales no sean enfrentados por medio de una política migratoria objetiva, un régimen de contratación laboral transparente y el más estricto respeto al marco de referencia legal.

Mientras tanto, cuantas veces los conflictos locales entre vecinos de ascendencia dominicana y de ascendencia haitiana no sean traducidos a los tribunales de justicia en primera y única instancia, la tradicional convivencia de nacionales haitianos y nacionales dominicanos en el territorio patrio llegará a ser incluso más explosiva que la que ya se da cuando grupos de dominicanos toman la justicia en sus propias manos y golpean y linchan –pero de manera individual– a un presunto delincuente dominicano.

III:   Tercera tesis:  Es impostergable reglamentar el proceso migratorio

En materia migratoria, la nación dominicana tiene por delante el ingente reto de institucionalizar el proceso migratorio de manera transparente y universal, bajo el solo imperio de la ley y de los convenios suscritos a nivel internacional. Esto significa detener la inmigración ilegal y asimilar o integrar como residentes legales a un flujo de inmigrantes indocumentados que en la actualidad violan sus fronteras, se distribuyen por todo el territorio nacional y copan los puestos de trabajo en el mercado laboral, con la complicidad de contrapartes nacionales, tanto en el sector público como en el privado.

IV. Cuarta tesis:  La población dominicana es consecuente con su condición de ser mulata, es decir, ni blanca ni negra

Como mulatos, el dominicano y la dominicana se compadecen y son solidarios en su diario vivir de esa creciente población haitiana y domínico-haitiana con la cual conviven y con la cual comparten de manera armoniosa y en relativa igualdad de condiciones los mismos servicios, puestos de trabajo, lugares de esparcimiento y de ocio, viviendas y hasta análogas oportunidades y desventuras.

Gracias a lo positivo de aquella convivencia local, en medio de una sociedad multirracial y multiétnica, la negatividad inherente a cualquier forma particular de discriminación racial y de xenofobia puede ser y seguirá siendo superada de manera exitosa por la solidaridad demostrada de manera predominante por los dominicanos hacia los haitianos.

Una vía de solución

A modo de tesis final, y en consonancia con la convivencia solidaria de los dominicanos con los haitianos, el Estado dominicano, sus gobiernos y la sociedad dominicana en general deben preservar y reivindicar como legal su propia legitimidad: esto es, hacer valer lo legítimo de su comportamiento solidario hacia los inmigrantes haitianos y sus descendientes, y hacerlo compatible y de manera transparente e incondicional con lo que establecen su texto constitucional, sus leyes positivas, sus tradiciones y patrones culturales, al igual que las convenciones internacionales a las que libremente se han adherido.

Puesto que todo Estado tiene el derecho soberano de reglamentar la migración hacia su territorio, y a su interior las relaciones multiétnicas y multirraciales que alberga, no hay denuncia lícita por legítima que pretenda ser mientras los actores respeten de manera objetiva su propio marco de referencia jurídico-cultural, y demuestren siempre su intención de preservar y hasta de enmendar y de mejorar su récord en materia de derechos humanos.

Por demás, elevando el tema haitiano a la esfera supranacional, la comunidad internacional está llamada a colaborar y a aportar de manera eficiente su contribución hasta alcanzar la institucionalización del proceso democrático de Haití y la consolidación de su economía.

A su vez, del lado oriental de la frontera, la misma comunidad internacional debe respaldar siempre cuanto esfuerzo hacen la sociedad y el Estado dominicano por mejorar aún más la armoniosa convivencia de dominicanos y de haitianos en tanto que representantes de dos pueblos distintos, con estados políticos soberanos, con tradiciones históricas diferentes y con dos sistemas culturales irreductibles entre sí.