El problema con la energía eléctrica es que  no se tiene un plan definido

El problema con la energía eléctrica es que  no se tiene un plan definido

POR ARTURO MARTÍNEZ M.
Con relación a los apagones y al abuso con la tarifa, es que el gobierno nunca ha tenido un plan coherente, que se ha mostrado perdido, ese ha sido y siendo siendo el problema fundamental. Lo demuestra el hecho de que los discursos han sido contradictorios, mientras en República Dominicana el Presidente Fernández dice que la capitalización fue un error, que el modelo fracasó, en el Viejo Continente lo defiende, en un afán de convencer a inversionistas, como si la crisis fuera por escaséz de capitales.

En República Dominicana, el Presidente Fernández dice que los apagones y la tarifa alta no tienen solución en el corto plazo, sin embargo, en el Viejo Continente dice que su gobierno tiene un programa para enfretar ambos problemas, que consiste en mejorar el cobro de las Edes, con nuevos medidores a colocarse en los hogares y en los negocios, e instalando sendas plantas que generarían con carbón, para de esa manera reducir el costo y la tarifa. 

En el Viejo Continente atacó la recompra de Edenorte y Edesur, y promete devolverlas al sector privado, pero en República Dominicana paga US$300 millones a Unión Fenosa, en lugar de revisar el contrato que firmó el gobierno pasado, para que Unión Fenosa las recupere. Lo real es que el gobierno empeoró la situación, una deuda comercial la conviertió en deuda soberana, Edenorte y Edesur eran las que debían a Unión Fenosa, empresa ésta que cobraba si los clientes pagaban. En el Viejo Continente, el Presidente Fernández dice que la tarifa que se paga es muy alta, y en República Dominicana pospone para después de las elecciones de mayo el aumento que le requiere el Banco Mundial.

Mientras el Presidente y el gobierno se presentan inseguros, como desconocedores de las causas eficientes de la crisis y carente de un plan para solucionarla, en el Viejo Continente los empresarios demuestran que sí conocían el origen del problema. Se concentraron en el subsidio de US$600 millones para la electricidad, en el subsidio al consumo gas licuado de petróleo y en la inexistencia de una política definida para el sector. Preguntaron si existía una respuesta técnica al Banco Mundial y al FMI, con relación al requerimiento de aumentar la tarifa, y lo hicieron convencidos de que se trata de un gobierno sin ideas propias, que se limita a seguir lineamientos del FMI y del Banco Mundial, por experiencia saben que al final se doblegará.     

Para ellos no es un secreto que el deterioro del índice de cobro de las Edes y el aumento de las pérdidas que se acerca al 50 por ciento de la energía facturada, se debe básicamente a que la tarifa es muy alta, por lo que un aumento empeora la situación financiera del sector. También que el subsidio es consecuencia directa de la tarifa alta y de la falta de cobro, que los apagones es el final de la cadena, el interés es subsidio en determinado nivel. La crisis financiera del sector, y el mal manejo que le da el gobierno, está dando paso a una peligrosa situación social. El clima de inseguridad que rodea a los hogares a lo largo y ancho del país aumenta de manera peligrosa, los reportes de atracos y violencias de todos tipos, se correlacionan positivamente con la oscuridad que arropa el país, amenazando la gobernalidad misma. Mientras tanto, el gobierno mira para otro lado.

Mejor que nadie esos empresarios saben que como temprano será en el 2009 cuando podrían entrar en operación las plantas a carbón, y que si la CDEE comprara el kilovatio a cinco centavos de dólar y lo vendiera en doce centavos de dólar, el diferencial se usará para financiar el subsidio, de modo que el usuario no debe esperar reducción de tarifa por ese concepto. Sin corto plazo no hay largo plazo, fue lo que Keynes quiso decir cuando en la década de los treinta del siglo pasado afirmó «en el largo plazo todos estaremos muertos». Una sentencia que cae como el anillo al dedo al caso dominicano, y que el gobierno debería tener muy cuenta en este momento.

Los empresarios en el Viejo Continente están conscientes de la necesidad social que existe en el país de que las cosas mejoren en el corto plazo, pero con razón están inseguros de que el actual gobierno tome iniciativas diferentes a las que les trazan el Banco Mundial y el FMI, Organismos que siguen una ortodoxia económica que se aleja de la medicina que se requiere  para enfrentar la crisis con éxito. El PLD y el Presidente Fernández metieron al país en la aventura de la privatización de la antigua CDE, eran novatos que se suponía tenían condiciones para grandes ligas pero en la práctica demostraron carecer del talento, se dejaron conducir del Banco Mundial y de las recepciones internacionales, y sin consultar con el Dr. Joaquín Balaguer, con el PRD, con la iglesia, con la sociedad civil ni con nadie, aplicaron el Consenso de Washington, es la razón por la que se perdió toda esperanza de que en éste gobierno se pueda aplicar algo diferente. Han demostrado que quieren el poder por el poder mismo, y van de dos dos, lo hicieron en el primer cuatrenio y ahora lo repiten, se tiran en los brazos de los Organismos Internacionales, bajo la lógica de que así las cosas son más fáciles, claro porque carecen de iniciativas, de ideas propias.

Para mejorar la situación en el mismo corto plazo, qué entiendo yo debería hacerse? Primero, que el gobierno reconozca públicamente que el aumento de los apagones, del subsidio y del fraude eléctrico, son consecuencias de la elevada tarifa, y que en la práctica el diferencial de tarifa se trata de un impuesto arbitrario e imposible de pagar. El objetivo es reducir la tarifa, porque con razón el usuario piensa que el exceso de pago implica pesos extras para los bolsillos del generador, quién además, y cuando le conviene, apaga plantas y compra en el mercado spot para cumplir con el contrato de largo plazo. Segundo, el gobierno debe tener claro que el mercado de energía eléctrica está funcionando al revés de como funciona cualquier mercado. La electricidad al por mayor en el mercado spot es más barata que la de contrato a largo plazo, sin embargo, en cualquier otro mercado, como el del azúcar, petróleo, etc., el precio en el mercado spot supera el precio de contrato, y tiene sentido, porque no es lo mismo la compra de ocasión que la compra acordada bajo contrato. Como está funcionando mal, el gobierno debe intervenirlo, para evitar ganancias excesivas como resultado de la «lavandería de megavatios» que se lleva a cabo, que consiste en comprar energía relativamente barata en el mercado spot para venderla cara en el mercado de contrato.

No es sólo que existe un impuesto ilegal al consumo de energía eléctrica, me refiero al diferencial entre la tarifa que debería pagarse (no más de diez y seis centavos de dólar el kilovatio hora) y la que se paga (veinticuatro centavos de dólar para algunos), también se recurre a una arbitrariedad cuando se intenta imponer el cobro de una tarifa prohibitiva a cualquier costo. En cualquier sociedad, cuando se pretende cobrar un impuesto abusivo, que está fuera del alcance del consumidor, se evade, es un derecho del ciudadano, la manera que tiene de decirle al gobierno que está equivocado. Para reducir la tarifa y el subsidio, no hay otro camino, es necesario reducir el pago al generador y la expectativa de cobro del distribuidor. Temporalmente, debería fijarse un precio tope a la energía, lo que paga el usuario no debe superar los diez y seis centavos de dólar, lo que implicaría reducir en cuatro centavos de dólar el pago al generador y en cinco centavos de dólar al distribuidor. 

No acepta rebaja

Está claro que el generador no aceptará pura y simplemente la rebaja, se entiende porque en promedio está recibiendo hasta doce centavos de dólar el kilovatio/hora, siendo la razón por la que gustosamente dice estar dispuesto a producir cualquier cantidad de energía, siempre que se le pague. Como no se trata de una expropiación, el gobierno debería sentarse con los generadores y definir la forma de compensar la diferencia de precio. En la negociación, que debe terminarse en un tiempo pre-establecido, el gobierno debería incorporar al Congreso Nacional, para que el compromiso final sea creíble.

En cuanto a la distribución de energía, sólo queda una con capital parcialmente privado, se puede demostrar que contablemente está en quiebra, en parte por la repatriación de capitales, así como sucedió con Unión Fenosa. Edeeste protestaría, está acostumbrada a cobrar más de diez centavos de dólar y se le estaría reduciendo a cuatro centavos de dólar, lo que debería ser suficiente, en Chile por ejemplo, las distribuidoras cobran ese precio y son rentables, claro son empresas que no trabajan para repatriar capitales y que funcionan bajo un esquema claramente establecido. Edeste dejaría el negocio, y el gobierno aprovecharía para integrar verticalmente la actividad bajo el lema: el que genera electricidad también que cobre. No debería cometerse el error de Unión Fenosa, que se le premió en lugar de decirle «fracasó en República Dominicana y perdió su capital».  

En el contexto de un mercado libre, el precio tope es una política indeseable, sin embargo, como el mercado eléctrico funciona al revés y en perjuicio de la población, la teoría del bienestar justifica la intervención. Debe ser por el tiempo necesario, hasta que exista un plan coherente de largo plazo, mientras tanto, es necesario proteger al usuario en el corto plazo, lo demás es palabrería. Para aplicar lo que propongo, es imprescindible que el gobierno integre a los partidos mayoritarios, ha demostrado que sólo no puede hacerlo.