El periodismo de ayer

El periodismo de ayer

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Por considerarlo de interés nacional, reproducimos parte de una entrega nuestra, aparecida en la sección Areíto de octubre del 2009, porque el proceso electoral que se avecina tiene fuertes reflejos de que se avecina una dictadura, que como todos son destructoras de las democracias.

En la pasada Era de Trujillo, ser periodista fue siempre un oficio peligroso, si no se era sumiso, adulador y buen pasquinero; sin embargo en noviembre de 1946 un grupo de jóvenes, aprovechando las falsas facilidades que ofreció el dictador y tirano, con un llamado a la constitución de partidos y agrupaciones políticas, organizamos la Juventud Democrática y al regresar al país varios exiliados, se constituyó el Partido Socialista Popular. Ambas instituciones fundaron sus respectivos órganos de prensa, el periódico Juventud Democrática y el Popular. La tarea no fue fácil, peligrosa, arriesgada y desafiante y costosa en vidas humanas.

El periódico Juventud Democrática logramos imprimirlo en una imprenta propiedad de don Enrique Cambier, localizada en la calle Luperón No. 25, próximo al Colegio La Milagrosa y en el primer número que hicimos constar: 1ro. que la organización no era ni comunista ni anti-comunista. 2do. Reprodujimos el discurso del embajador de EE.UU. y una carta del entonces Rector de la Universidad, Lic. Julio Ortega Frier, reclamando la inspección, exámenes, etc. de un grupo de jóvenes, entre los cuales estaba el autor de este artículo, a los cuales se les negaba exámenes y acceso a la Universidad, entre los cuales estábamos Virgilio Díaz Grullón, nuestro Director; Josefina Padilla, Alfredo Lebrón, José Manuel Peña González, entre muchos más. El primer Editorial llevaba la firma de nuestra ilustre poetisa Carmen Natalia.

Lo vivido durante la tiranía de Trujillo es imposible olvidarlo, aun cuando se pasen todas las hojas de los escritos sobre esa sanguinaria Era de Terror a la cual nos opusimos enfrentándonos como fieras contra nuestras denuncias, nuestros reclamos y la fe que compartimos con el todo poderoso, a sabiendas que solamente íbamos a conseguir reducir en algo los atropellos, las injusticias y tal vez las prisiones en algunos casos, como así fue que sucedió.