El perdón

El perdón

En nuestro trato con las demás personas en este mundo suele ocurrir que, con razón o sin razón, solemos ofender o causar algún daño a nuestro prójimo.

Y como los seres humanos fuimos creados para  convivir en amor, en armonía y en paz, ante el resentimiento, el odio y la raíz de amargura el corazón y el alma no pueden funcionar bien.

 Se ha demostrado que el odio almacenado en nuestro ser es capaz de producir un estado de desasosiego letal, incluso hasta para la salud.

Es un verdadero infierno tener que tratar con los demás en un estado de ofensa.

Cuando la relación es afectada, la decisión más certera y grande que podemos tomar en esta vida es la de levantarnos e ir en busca de la reconciliación con nuestro hermano, compañero, compañera, hijo, vecino  o prójimo.

El perdón es como sacarse de dentro una llama de fuego infernal quemante.

Darle cabida y entretenimiento al dolor producido por la ofensa lo único que hace es generar consecuencias que alimentan al infierno.

Son muchos los matrimonios y relaciones importantes que el odio ha logrado dañar, algo que no hubiese ocurrido si alguien solamente hubiese dicho “perdón”.

Esta palabra tan sencilla tiene el poder de arreglar todo lo malo o difícil que haya ocurrido en cualquier tipo de relación en esta vida.

Son inmedibles sus efectos positivos en el alma, en el corazón, en el cuerpo, en la familia, en la empresa y en toda la sociedad.

Sabiendo  esto, Jesús dijo que no debe haber condición para perdonar al prójimo.

A mayor ofensa, mayor anchura del corazón para la restauración del trato y de la condición de amor que se tenía antes.

Como Dios perdona, nosotros también debemos buscar la paz con nuestro hermano.