El “pecado” iraní

<p>El “pecado” iraní</p>

UBI RIVAS
El 21 de febrero último venció un “plazo” que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas concedió el 23/12/06 a Irán para suspender su programa de enriquecimiento de uranio, metal clave para construir una bomba atómica.

De inmediato, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, ripostó que su país está dispuesto a suspender su programa de enriquecer uranio si los países de Occidente, naturalmente empezando por Estados Unidos, a su vez suspenden los suyos.

El presidente iraní apeló a su retórica el principio de la autodeterminación de los pueblos y el derecho de los países a disponer de las armas que estimen protegen su soberanía y su integridad como estados independientes, de los 192 que conforman la ONU.

El presidente George Bush jr. que no está conforme con los desastres de Iraq y Afganistán, dos teatros de guerra donde no se atisban progresos, sino dos pantanos más amplios que el que conformaron en Vietnam, pretende, en la agonía de su trágica como traumática administración de dos períodos consecutivos, encender otra hoguera con una nueva guerra de agresión contra Irán.

En los actuales momentos en que existe una frontal disputa entre el presidente Bush jr. y su homólogo ruso Vladimir Putin relacionado con la casi segura luz verde que Bush jr. concedería a tanto la República Checa como Polonia de ingresar a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), con todo lo que esto significa con miles de ojivas instaladas por el organismo militar controlado por USA emplazadas en las narices mismas de Moscú, resulta casi imposible vaticinar que Putin no ejerza su derecho al veto en el Consejo de Seguridad para no condenar a Irán y sí permitirle, inclusive suministrarle, uranio enriquecido.

Al vencer el plazo ilegal que el Consejo de Seguridad determinó en relación al tema que trato, las agencias noticiosas internacionales difundían que el portaaviones Stennis, escoltado por una impresionante flota, ingresaba en las aguas del Golfo Pérsico, donde desde hace semanas surca su gemelo Eisenhower.

Un portaaviones dispone de un apoyo de ataque de 115 aviones de combate, generalmente surtido, F-15, helicópteros Blakhaw, Hornet, Viking, y una batería de misiles con capacidades de alcances intermedios de 600 a 1,500 kmts.

Es decir, que con un portaaviones, Estados Unidos es capaz de doblegar y triturar a cualquier país del III Mundo o subdesarrollado, como han hecho en Líbano, Yugoslavia, Iraq, Afganistán y en nuestro país en 1965 solo necesitaron del porta helicópteros Bóxer, y la 82 División Aerotransportada con sede en Fort Bragg, Georgia.

Bush jr. no planea reducir a la obediencia a Irán por el solo hecho de pretender construir un reactor nuclear, ni enriquecer uranio, porque tanto Pakistán, India, el Estado de Israel, matrículas del III Mundo, lo poseen, sino por el tono abiertamente desafiante y el tremendismo verbal del presidente Ahmadinejad que en un inaudito término expresivo amenazó con borrar a Israel del mapa o en contrario, favorecer que fuese desplazado a Europa.

Es una retórica, se entiende, que de ahí al hecho hay siempre un no pequeño trecho, pero ha sido más que suficiente para justificar los miedos de Israel y concitar por esa vía el nunca negado apoyo incondicional de su protector por antonomasia, Estados Unidos y, al parecer, poner no solamente en aprietos a Teherán, sino incitar a Bush jr. que no requiere de incitaciones para agredir y justificar lo injustificable de invadir a Irán.

Es una posibilidad muy posible, valga la redundancia, sabido por todos del accionar beligerante de Bush jr. que inclusive lo conduce a confrontar al Congreso norteamericano amenazando para salirse con las suyas tanto en Irán como en Iraq, de hacer uso de su condición de Supremo Comandante en Jefe para hacer la guerra.