El pasajero de atrás

El pasajero de atrás

Ante la creciente ola de asesinatos desde una motocicleta, debo confesar que Joaquín Balaguer era quien tenía razón en muchas de las formas visibles e invisibles de gobernar. Debo revisarme
Trabajaba en Radio Comercial, la tarde de 1966 en que mataron dos soldados norteamericanos que buscaban ropas lavadas en una tintorería de la calle Santomé.
Me intrigaba el hecho, hasta que varios años después la violencia se manifestaba de tal forma que surgió un grupo de hombres quienes, a bordo de motocicletas, ocupadas por dos personas, tenían una excelente puntería y el de atrás asesinaba a una y otra persona con precisión selectiva.
La situación se complicó y aumentaron las manifestaciones, se acusaba al Gobierno de los asesinatos, porque los muertos siempre eran miembros de la oposición.
En un discurso a la Nación, el doctor Joaquín Balaguer, presidente de la República, confesó que no tenía dominio de todas las Fuerzas Armadas y la Policía y los servicios de seguridad, y denunció la existencia de grupos de personas incontrolables. Me llamó la atención el hecho de que confesara su impotencia ante la real ola de asesinatos que se sucedían uno y otro día.
En ese momento la credibilidad del presidente Balaguer era muy baja, en especial cuando defendía su Gobierno de acusaciones de abusos, atropellos, golpeaduras, arrestos arbitrarios e ilegales, y las pobres investigaciones sobre desapariciones de personas y muertes nunca explicadas, que terminaban en el limbo.
Aquella confesión de impotencia no formaba parte del estilo y la forma de Gobierno del presidente Balaguer, quien había logrado conformar una dictablanda perfecta: Congreso Nacional que operaba “independiente”, autoridades judiciales que supuestamente solo obedecían a lo dispuesto en la Constitución, las leyes, los procedimientos judiciales y su íntima convicción, quienes aparentaban actuar con libertad, sin recibir órdenes de autoridades del Poder Ejecutivo
Por eso creí la confesión del doctor Balaguer: en el país operaban fuerzas que el Gobierno no controlaba. Por supuesto, que si con todo el aparataje policial, militar, de servicios de seguridad y de informantes gratuitos, el Presidente tenía que formular una denuncia tan grave, algo había de cierto.
Brian J. Bosch, agregado militar norteamericano, dice en su libro “Balaguer y los militares dominicanos” que bajo el mando del general Enrique Pérez y Pérez se creó una fuerza de comandos, entrenada en San Isidro, para enfrentar acciones paramilitares de grupos izquierdistas.
Balaguer, ante la imposibilidad de controlar esos comandos usó su fuerza en el Congreso Nacional e hizo pasar una ley, aún vigente, aunque en desuso, mediante la cual prohibía más de una persona en una motocicleta. Desmontado el operativo disminuyó la violencia armada.
Ahora, como entonces, el pasajero sin casco y armado es quien mata, asalta, asesina impunemente.