El Parkinson y los electrodos

El Parkinson y los electrodos

Cuando aparece en la prensa alguna entrevista nuestra sobre las enfermedades que manejamos, muy lógicamente, hay preguntas de los pacientes y los familiares, acerca de esos avances y de qué manera pueden ayudarlos, lo que entendemos como una preocupación muy normal. Recientemente aparecieron los encuentros de una publicación sobre los pro y los contra de la implantación directa de electrodos en los cerebros de los pacientes que padecen esta enfermedad del movimiento.

La enfermedad de Parkinson es un proceso degenerativo del sistema nervioso de etiología desconocida, de importancia creciente en lo que respecta a la salud pública, en razón de que aumenta con la edad, y se considera que hasta el 3% de la población de más de 65 años puede padecerla. Se caracteriza por: manifestaciones motoras, donde la rigidez, la lentitud de movimientos, el temblor, la alteración de la postura erecta y las variaciones de la marcha, son las principales manifestaciones. Pero de todas sobresalen la rigidez y el temblor rítmico, cuando el paciente,  “cuenta monedas” en reposo con sus dedos, en los casos floridos.

Como es un proceso degenerativo, engloba gran parte del cerebro, no sólo los llamados Ganglios Basales, que son unas “almendras” de sustancia gris situadas en la profundidad de nuestros cerebros, los que junto a otras estructuras tienen que ver con los movimientos y la precisión de nuestros músculos en las actividades del diario vivir. Por esta razón aparecen otros síntomas, tales como demencia, depresiones, disgrafías, cara inexpresiva, anosmia, etc. Se considera que la causa es una alteración en la producción y el uso de una sustancia neurotransmisora, llamada dopamina.

El artículo de marras aparece este mes en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Norteamericana (JAMA), de la autoría de F. Weaver y K. Follet, en que se revisa un total de 255 pacientes que fueron sometidos  a una de las más modernas terapias de la enfermedad de Parkinson, colocación de electrodos en esos ganglios basales, para mediante una descarga eléctrica tratar de que las neuronas produzcan esa sustancia alterada, la dopamina, y las células “atrofiadas” se estimulen a su uso.

Debo reconocer que ante las preguntas, me remonté a mis años en el Instituto de Neurología de Londres, donde bajo la tutela del profesor P. K. Thomas, en su Clínica de Movimientos Anormales, fue donde conocimos las intimidades de la enfermedad descrita por James Parkinson. En lo que respecta a esta parte de nuestra América hispana, recordamos que en una reunión celebrada en Honduras en julio de 1998 fundamos la Sociedad Centroamericana y del Caribe de Movimientos Anormales, el español Dr. Eduardo Tolosa, presidente de la Mundial, nos juramentó.

Hacía poco tiempo se había iniciado para el Parkinson esta terapia con electrodos directos al cerebro, dos años más tarde en Barcelona, durante el Congreso Mundial de la Sociedad, se presentaron los primeros casos de pacientes con la implantación de dichos electrodos. En la oportunidad en ese año 2000, en  compañía del compañero neurólogo santiaguero, Dr. Julián Sued y en nuestra condición de Delegado de dicha comunidad neurológica, escuchamos en Barcelona solo bondades, y los grandes beneficios que reportaba el nuevo procedimiento para la enfermedad de Parkinson. Hace más de 100 años utilizamos en neurología los electrodos para las condiciones dolorosas severas.

Hoy nueve años después, y como debe ser en todo lo que signifique buena ciencia, revaloran y concluyen los autores en su análisis que sí, es verdad que esta terapia de estimulación con electrodos en los cerebros de los pacientes con Parkinson severo, y conectados a un equipo estimulador eléctrico, mejora de manera impresionante los síntomas de rigidez y las funciones motoras, principalmente durante los primeros seis meses; pero, hoy hay un “pero”, se acompañaron de serios eventos adversos, entre los que los principales fueron 39 casos de muertes por hemorragias relacionadas con la cirugía. Esperemos nosotros, a su mejor perfeccionamiento y a la disminución de su costo.