El nuevo escenario del Presidente

El nuevo escenario del Presidente

Podría pensarse que el presidente Fernández se había preparado para afrontar su sucesión en la conducción del país. Pero no se puede afirmar que él podía imaginarse que lo tuviera que hacer con más de dos años de antelación, en condiciones de desgaste, con demandas sociales insatisfechas, generalmente reprimidas con métodos policiales propios de los años 60-70, además que por su tibia posición ante la generalizada corrupción en su gobierno, es acremente criticado por sectores económicos, eclesiales y sociales que apoyaron resueltamente su ascenso al poder.

El presente cuadro no sólo es difícil para el Presidente, sino para sus seguidores que no se imaginaron que su partido estaría hoy día ante la realidad de tener que afrontar un proceso electoral sin el candidato que todos pensaban como único capaz de enfrentar, con éxito, una campaña electoral por la presidencia de la República.

Tanto él, como su partido, tienen ante sí la difícil tarea de preparar la alternancia en la presidencia de la República, teniendo como tarea previa su participación en las elecciones congresuales y municipales dentro de menos de un año..

Las tendencias en ese partido podrían ponerse de acuerdo para la escogencia de los candidatos a los cargos congresuales y municipales, pero no les será fácil escogerlos abstrayéndose de la lucha por la escogencia del candidato presidencial para el 2012, por eso no pueden descartarse graves contradicciones que tendrán que reflejarse en esa escogencia.

Generalmente, el espíritu de cuerpo en el PLD opera como fuerza centrífuga que frena la tendencia hacia la dispersión y desagregación de las fuerzas que viven y conviven en su interior. Pero, esta vez habrá que ver si ese espíritu de cuerpo se impondrá sobre las claras contradicciones que se pueden con posiciones contrarias a él y a su gobierno.

Por eso, el Presidente enfrenta una situación que lo obliga a tomar decisiones que vayan en el sentido de dar respuestas a los múltiples problemas que enfrenta su actual gestión, entre otros, la acusación a algunos de sus funcionarios por graves actos de corrupción, a las demandas de la población y al deterioro de la imagen del gobierno y del partido.

Su condición de no candidato en lo inmediato le facilita la tarea, le da un margen de maniobra para convertirse en el árbitro que nunca ha sido, en líder incuestionado de todo el partido y para reorientar el rumbo de su gobierno y del gasto público. Pero, tiene el problema de que al admitir la corrupción e ineptitud de muchos de sus funcionarios, no solamente sería admitir las grandes debilidades de su gobierno, sino que debilitaría las posiciones de muchos de los altos integrantes de su tendencia, por lo cual el futuro de ésta y de él mismo sería gravemente afectado.

Hacer que asuma esta posición es tarea de la principal tendencia que lo adversa y paradójicamente, es lo que más le convendría tanto al Presidente, como a su partido. De otra manera, tanto la primera como los dos últimos serán todos perdedores y quizás futuros muertos políticos.