El Ministerio de Agricultura de hoy se concibió en la guerra del 65

El Ministerio de Agricultura de hoy se concibió en la guerra del 65

La ley que redefinió la estructura y funciones básicas del ministerio de Agricultura, promulgada en el gobierno de Héctor García Godoy, en septiembre de 1965, se concibió en la ciudad intramuros, en el período de la Guerra de Abril.
Desde que menguaron las actividades bélicas, varios profesionales que trabajábamos en la Secretaría de Agricultura y que vivíamos en Ciudad Nueva, y otros que se trasladaban de lugares distintos, nos reuníamos a diario en la residencia de don Víctor Gutiérrez, a debatir ideas de cómo mejorar la institución que amábamos y el trabajo que desempeñábamos con pasión y entrega.
Se formó un equipo central para redactar la estructura y funciones de lo que sería el ministerio de Agricultura, compuesto por Carlos Aquino González, Luis González Fabra, el Dr. José García Pérez y el suscrito, reforzado por las colaboraciones de Juan Henderson M., Guillermo Flores, Federico Medrano Basilis, Antonio Ruiz Grullón, Víctor Gutiérrez y Miguel Cestero. Este último fue nombrado ministro de Agricultura del Gobierno Constitucional, presidido por el coronel Francisco Alberto Caamaño, y aprobaba oficialmente el avance de los borradores.
Al estallar la revolución nuestro grupo tuvo que abandonar la sede de la Secretaría de Agricultura en el Centro de los Héroes. Ahí se quedó un grupo que nos antagonizaba y que luego se cobijó bajo el denominado Gobierno de Reconstrucción Nacional, presidido por el general Imbert Barreras. Este nombró a Marcos González Baldrich como secretario de Agricultura paralelo.
El nombramiento de Héctor García Godoy como presidente del Gobierno Provisional de la República Dominicana, el 3 de septiembre de 1965, puso fin a la dualidad institucional. La comunicación previa con García Godoy había sido muy fluida y respaldaba totalmente nuestras posturas. El 8 de septiembre, a solo cinco días de su juramentación, y con la autoridad ejecutiva y legislativa que le confería el Acto Institucional que regía el país, el presidente aprobó la referida ley que oficializaba el nuevo ministerio. El hacendado Silvestre Alba de Moya fue nombrado ministro de Agricultura.
La transición entre la vieja y la nueva estructura, y, sobre todo, la armonización entre los empleados que apoyaban el movimiento constitucionalista y los que lo adversaban encontró dificultades.
El primer problema surgió el día en que don Silvestre tomaba posesión. Los empleados abarrotaban el primer piso del ministerio para escuchar las palabras del ministro. Un grupo enardecido comenzó a gritar: ¡Que se vayan los traidores! ¡fuera los traidores!.
La intervención de varios de nosotros, con el mensaje de que si queríamos ser revolucionarios teníamos que actuar como revolucionarios, calmó el coro. Y don Silvestre trazó la línea de cómo sería su ruta: “Aquí no habrá revanchismo; y es bueno que sepan que yo no le aguanto presión a nadie”.
Los golpes bajos contra varios de los que redactamos el anteproyecto de la ley número 8 tuvieron su mayor exponente en un expediente acusatorio, de fecha 25 de agosto de 1965, de usar recursos estatales en nuestro provecho. La especie se generaba por la siembra de vegetales en terrenos del Instituto Agrario Dominicano, que hicimos a nombre de la Asociación Pro Mejoramiento Agrícola (APROMA), en enero de 1965, en la que se usaron herramientas y obreros prestados por la Secretaría.
En el expediente, incompleto en sus investigaciones, figuraban Carlos Aquino G., Guillermo Flores, Juan I. Fañas, Tiburcio Díaz, Antonio Ruiz Grullón, Fausto Díaz, y el autor de esta nota. Pero el expediente no decía lo que otra investigación aclaró: Que en junio de 1964, basado en una idea de Carlos Aquino, cerca de 40 profesionales del agro habíamos fundado a APROMA, y elegido al suscrito como presidente, para recolectar fondos con los que pudiéramos suplir las carencias críticas que confrontábamos en nuestro trabajo. Además de las siembras, aportábamos mensualmente 40 pesos de los escasos 200 a 250 pesos que ganábamos para comprar papeles para las mecanógrafas, insumos para las demostraciones agrícolas a los agricultores, combustible para los viajes de los técnicos y para los tractores de la Secretaría. Nuestros detractores nunca fueron perseguidos por nosotros.

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