El mercado eléctrico

El mercado eléctrico

A partir de que se instalaran en el poder las actuales autoridades, el país empezó a percibir signos alentadores en varios sentidos. En este contexto, resultan de particular importancia la declinación en la cotización del dólar, el abaratamiento de los combustibles durante dos semanas consecutivas y cierta estabilización de la oferta de energía eléctrica, que había caído en una de sus crisis más devastadoras.

Es probable que estos efectos obedezcan a un proceso de restauración de la confianza, prometido por el Presidente Leonel Fernández en su discurso de toma de mando, inspirado en un estilo de ejercicio del Poder que deberá afianzarse y cobrar vigencia continua para que el país pueda retomar el cauce del progreso.

Sin aspirar a que todos los problemas sean resueltos a la vez, sino más bien en interés de que la gradualidad de las soluciones obedezca a un orden realista de prioridades, es preciso insistir en la necesidad de corregir importantes distorsiones en el mercado eléctrico. Un aspecto digno de atención es el que concierne a la facturación y cobro de la energía, fundamentalmente en el segmento de los usuarios hogareños y de pequeños negocios y empresas.

Por un lado, es necesario que las empresas distribuidoras mejoren sus ingresos sobre la base de una adecuación de sus estructuras de cobro, y por el otro lado es crucial que los montos a cobrar a cada usuario se correspondan con una realidad de consumo.

-II-

En un mercado eléctrico de oferta tan inestable y frecuentemente deficitaria como el nuestro, no puede regir un estilo de facturación sujeto a patrones de consumo, sino el que se basa en consumo real establecido mediante lectura de contador.

El fracaso del afán reeleccionista provocó que la oferta de energía eléctrica declinara a sus niveles más bajos en todo lo que va de capitalización. Durante unos tres meses el país estuvo virtualmente apagado y se modificaron radicalmente los patrones de consumo de todos los usuarios. Sorprende, sin embargo, que a los hogares y negocios llegasen facturas consignando costos de consumo de montos similares a los que rigieron antes de la gran crisis energética. Y peor aún, que las distribuidoras apelen al cobro compulsivo de atrasos que corresponden a facturas del período de caída de la oferta.

Sin duda alguna, la confianza ha sido uno de las cualidades más erosionadas del mercado eléctrico, por la ineficacia de su oferta y porque, desgraciadamente, es capaz de cobrar a las distintas franjas de usuarios, inclusive de manera compulsiva, montos abusivos por energía que no ha suministrado.

Las nuevas autoridades, con el Presidente de la República a la cabeza, lucen indudablemente esforzadas en el restablecimiento de la confianza. De ese esfuerzo hablan elocuentemente acciones como la recuperación de vehículos robados a terceros que eran usufructuados ilegalmente por oficiales de la Policía Nacional.

En el mercado eléctrico, entre otras cosas, hay que lograr no sólo la estabilidad de la oferta, sino fundamentalmente que a cada usuario se le cobre lo que realmente consume.