El maná y la panacea

El maná y la panacea

ALTAGRACIA PAULINO
Estas palabras se oyen bonitas y son bastante empleadas e incitan a su uso como forma de adornar y enfatizar las ideas que expresamos, pero podrían ser mal utilizadas si no conocemos el significado real de ellas y en vez de lucírnosla, quedamos mal. «El maná» que bajó del cielo era la comida misteriosa con el que se alimentó el pueblo hebreo, se dice que parecía escarcha, semilla de cilantro blanco y su sabor era como el de «hojuelas de miel»

En una investigación de Discovery Channel, hubo referencia a lo que podría ser el maná y los científicos explicaron que era una especie de pequeños nutrientes que se forman con el efecto invernadero del desierto y que cargados de proteínas le servía de alimentos a los hebreos y como nadie lo cultivó y aparecía todas las mañanas ellos le llamaron Maná que venía del cielo. Advierten los investigadores empero, que en el idioma Hebreo no existe esa palabra, pero bueno, se refiere a ese alimento que nadie sembró y Dios lo puso en el camino de su gente para que pervivieran.

Debido a la forma de producirlo y como cayó del cielo, cuando alguien logra algo fácil o hace derroche de lo que tiene se acostumbra a decir,» ah, tu crees que fue el maná que bajó del cielo, eso me costó mucho conseguirlo».

Podríamos afirmar que el maná es el insumo fácil, que cuesta poco sacrificio conseguirlo porque simplemente «Cayó del cielo»

Distinto es la Panacea, es la solución definitiva a un problema. En el campo de la medicina podemos afirmar que Lois Pasteur, Jonas Salk y otros importantes investigadores salvaron al mundo al descubrir las vacunas que impidieron la propagación de enfermedades. En el caso de Pasteur la vacuna antirrábica y contra el ántrax en los vacunos fue la panacea contra esas enfermedades y Jonas Salk con la vacuna antipoliomielítica aportó la panacea contra la polio en el mundo.

Todo esto trae a mi memoria al profesor Alberto Malagón en un seminario sobre el arte de escribir, donde parte del tiempo debimos utilizarlo para ejercitarnos sobre la palabra panacea porque algunos de los presentes confundían con la de maná la connotación de esa palabra, lo que nos costó hacer grandes ejercicios con ella hasta que aprendiéramos su real sentido.

En nuestro país no tenemos panacea para resolver los problemas, pese a que cada grupo organizado dice tenerla en sus manos, pero hay una gran diferencia entre lo dicho y lo hecho, pero peor aun, no tenemos maná que baje del cielo porque el maná es un fenómeno del desierto.

Lo único que se asemeja al maná es lo que logramos con el esfuerzo de cada día, si no trabajamos no podemos llevar a nuestra casa los alimentos para nuestros hijos, entonces el maná de ahora puede compararse con la fuerza, la voluntad y el empuje con que debemos encarar cada día para servir, para vivir y hasta para ser mejores.

Y la panacea debemos construirla entre todos, ejercitar la inteligencia y formular el antídoto definitivo que contribuya a eliminar los males que nos aquejan, algo que se ve difícil con los precios actuales los combustibles, pero no imposible si nos lo proponemos.

Hagamos que surja el maná y construyamos la panacea, todo es posible.