El guapo de Miraflores

El guapo de Miraflores

Hugo Chávez ganó las elecciones el pasado domingo mediante una formidable maquinaria electoral, integrada por el poder del rico estado petrolero que regenta y  el desarrollo de una base partidaria bien engrasada de miembros activistas que movilizaron los votos flotantes independientes necesarios  para ganar. Con ese triunfo, ha renovado su mandato para continuar con su socialismo del siglo XXI, su revolución bolivariana y su caudillismo mesiánico.

Su enfermedad declarada el año pasado,  el alto grado de criminalidad a lo largo y ancho de Venezuela,  las promesas incumplidas,  el derrumbe de la infraestructura del país – especialmente  la carencia de energía eléctrica – la corrupción endémica de la sociedad y del Estado venezolano,  la carencias de productos básicos  de la canasta familiar, no fueron suficientes elementos para impedir su reelección.

Esta cuarta victoria electoral,  muestra sin  dudas,  que tiene un carisma y es un maestro político difícil de igualar.

Su legitimidad precisamente está cimentada en que gana todos los torneos electorales y deja sin argumentos a sus críticos y oposición.

Por ejemplo,  el domingo pasado,  Henrique Capriles  reconoció su derrota varios minutos después  que el Consejo Nacional Electoral (CNE)  anunciara  el holgado triunfo del comandante-presidente,  como gusta Chávez que lo llamen.

Así pues, sus críticos y opositores se quedaron clavados en la estaca, tal  es el caso del afamado escritor y premio Nobel peruano-español, Mario Vargas Llosa,  que en su columna el día anterior de las elecciones en el periódico El País de España  anunciaba el nuevo programa de gobierno de Capriles  y   criticaba severamente la obra de gobierno de Chávez,  a la vez que pronosticaba  su seguro revés, que según él,  era inminente.

Con este tercer sexenio y cuarta elección presidencial,  Chávez promete que no cometerá los errores del pasado, que según él, no estaba dando seguimiento ni supervisando las obras que ordenaba,  pues sus funcionarios  andaban como chivos sin ley, haciendo los que les daba las ganas.  El comandante ahora declara que “el error más grave de su gobierno en un 90% ha sido no dar seguimiento a las ejecutorias de sus planes. Prometió  que, una vez reelecto,  el Ministerio del Despacho de la Presidencia  será un ente de seguimiento de obras y  promesas.

Chávez tendrá que gobernar esta vez teniendo en cuenta que más de seis millones de venezolanos votaron en contra de él.  Nace una nueva oposición,  liderada por un joven de apenas 40 años,  que le sobra tiempo para esperar y prepararse mejor en las aulas políticas de su nación.  Capriles se levanta sobre la tumba de los copeyanos  y adecos  al  ganar unas primarias que se convirtió en el partido de  La Mesa de la Unidad Democrática  (MUD)  que ha tenido como modelo la concertación chilena.  Capriles  necesitará mucho talento y respaldo político para mantener coaccionada la oposición.

Es bueno notar  que al lograr ser electo por veinte años,  Chávez  se convierte en el mandatario venezolano por más tiempo en el cargo, sólo superado por la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935. Uno por  medios democráticos y el otro por la fuerzas  de las botas militares.

El problema de Chávez  y  de Venezuela es el quebranto de su salud.

Él alega que está curado del cáncer que lo disminuyó en su campaña y en su forma de gobernar. Sin embargo, personas dentro de Miraflores, señalan que el cáncer es terminal. Si es así, la Constitución indica,

que si muere en los primeros cuatro años del sexenio, habrá que celebrar nuevas elecciones, pero si es después  el vicepresidente debe terminar el mandato.

Cualesquiera  de estas dos posibilidades,  dará paso al mito y  a la inmortalidad política de Chávez, nacerá entonces el partido Chavista, que durará décadas y  posiblemente siglos. Similar  al partidojusticialista-peronista de Argentina. Si muere del quebranto que lo aqueja mientras ejerce la Presidencia,  la historia de Suramérica  será escrita, antes  y después de Chávez,  nos guste o no.