El fenómeno Candelier

El fenómeno Candelier

NELSON CASTILLO
Los pueblos no están aptos para vivir en un constante desengaño. Por esa razón, en América Latina suenan campanadas de vientos estridentes de sofocación colectiva.

Parece como si se escuchara una voz que nos dice: “hay que hacer algo”.

En la República Dominicana un amplio sector de la sociedad se encuentra en actitud de espanto al mirar cómo el país entra en una fase de degradación. Los partidos y los políticos pierden credibilidad ante la opinión pública. La corrupción sigue con intensidad su curso, mientras la población observa desde décadas cómo el Estado dominicano viene siendo saqueado y la justicia no sólo no hace nada, sino que su credibilidad ante la opinión pública es ampliamente cuestionada. Con todo esto, se podría casi afirmar que la corrupción ha pasado a ser un lujo social.

La marginalidad y la pobreza crecen vertiginosamente y todo parecería indicar que se están formando dos países: el de la gran mayoría y el del pequeño grupo que ostentan el poder político.

Sumado a todo eso, estamos frente a un estado de malestar delincuencial nunca antes visto en toda la historia dominicana. “Los delincuentes han tomado las calles y son los ciudadanos honestos y trabajadores quienes huyen y sienten miedo por la persecución a que son sometidos por los malhechores. De manera, que mientras los delincuentes tienen tomadas las calles, los ciudadanos huyen.

Todo este panorama trata de ser ocultado por las autoridades con una campaña de supuesta seguridad ciudadana que me parece que no se la creen ni ellos mismos.

Pero los que quizás desconocen los que están montados en la gloria del poder, es que los pueblos a veces soportan años de penumbra y en ocasiones viven la desilusión sin encontrar respuestas, pero casi siempre, con el correr del tiempo, aparece la luz al final del túnel, y entonces, surge una fuerza arrolladora que tiende a producir días nuevos.

En la República Dominicana los que han gobernados el país vienen subestimando la capacidad de reacción de los dominicanos, y de primera intención parece que tienen sus motivaciones, porque hasta ahora hemos visto, cómo a través de la política se vienen cometiendo actos impensables en sociedades civilizadas y el país no reacciona.

A veces las naciones menos cultivadas tienen su secreto mejor guardado y éstas cuando reaccionan, producen efectos contundentes.

En el año 1964, los norteamericanos hicieron una encuesta de preferencial electoral entre los dominicanos y se encontraron una gran sorpresa que muy poco sabían: de celebrarse las elecciones en ese momento, Balaguer la ganaría con una votación superior al 50%. En ese tiempo la mayoría de dominicanos se mostraban incrédulo ante una publicación como esta.

Parece que hoy estamos frente a una repetición de la historia. El sector empresarial y pensante de la sociedad, está hoy sorprendido de la gran popularidad y el alto nivel de aceptación en las encuestas del licenciado Pedro de Jesús Candelier, aún sin éste haberse proclamado candidato a la presidencia de la República.

No existe la intensión de poner bravo a nadie, ni mucho menos hay razón para crear alarma. Pero no hay duda de que nos encontramos ante el llamado “fenómeno Candelier”, donde parece que la gente ha decidido ponerle fin al derrotero en que se encuentra la nación dominicana, dándole a este ejemplar y responsable ciudadano su voto de confianza.