El Derecho al medio ambiente: una tarea de la seguridad ciudadana

El Derecho al medio ambiente: una tarea de la seguridad ciudadana

 

Cuando revisamos los fundamentos esenciales para garantizar la calidad de vida de las personas que viven en sociedad, es evidente que se suman el conjunto de derechos humanos que van desde la salud, la alimentación, el trabajo, la libertad, la participación, la educación y sobre todo el derecho a vivir en un medio ambiente sano y seguro.

La población tiene derecho de gozar de un medio ambiente sano, donde se garanticen los recursos naturales y con ella la vida humana. Es por ello que referirnos al medio ambiente, es tocar uno de los pilares de la seguridad ciudadana, aunque la misma responde a unos de los derechos más recientes, vale decir que han sido muchas luchas y vidas de activistas pro-ambiente que se han tenido que aportar en el mundo, para que los estados entendieran la importancia de defender y preservar la madre tierra.

La seguridad ciudadana transciende la visión reduccionista que apuntala hacia la preservación del orden público, donde el centro de sus ataques es la delincuencia común (perfil sospechoso: pobres, marginados, LGBT, migrantes), a través de la utilización de las fuerzas represivas del Estado; esta es más amplia, pues abarca un extenso radio de acción que integra una perspectiva de derechos, siendo uno de ellos el derecho a disfrutar de un entorno ambiental seguro, que permita contribuir al desarrollo integral de todas las personas.

El derecho al medio ambiente forma parte del sistema de las generaciones de derechos, donde encontramos los Derechos de Tercera Generación. Tomando este principio universal, es que la Constitución dominicana asume el compromiso de velar, proteger  y preservar el medio en provecho de las presentes y futuras generaciones.

A pesar de existir una clara responsabilidad del Estado de ser garante de un medio ambiente sano, ecológicamente equilibrado,  al día de hoy, continuamos explotando y contaminando de forma criminal nuestros ríos, se continúan depredando los bosques, se siguen tomando las zonas protegidas para uso comercial y privado.

Una muestra fehaciente es la extracción de arena de los ríos, el corte y tala de árboles de forma desproporcionada, asunto que se hace más grave, cuando observamos que éstos se generan en áreas protegidas, negocio que se desarrolla ante la mirada indiferente del Ministerio de Medio Ambiente.

Es el caso de Constanza, por citar una de las zonas más emblemáticas desde el punto de vista científico y estratégico, donde desaprensivos, inhumanos atentan contra el futuro ecológico de nuestros hijos, afectando el entorno con la realización de actividades agrícolas, ganaderas y aserraderos, sin importar que en esta zona se encuentra el Parque Nacional Dr. Juan Bautista Pérez Rancier (Valle Nuevo), protegido en 1983 al ser declarada reserva científica, que posteriormente en el 1996 fuera elevado a la categoría de Parque Nacional.

En estos hechos delictivos criminales se encuentran inmersos funcionarios, militares, empresarios y políticos que han estado destruyendo la reserva más importante de agua potable del país, donde nacen ríos como el Yaque del Norte, Yaque del Sur, el Yuna, entre otros. Como siempre es de esperar, que después de decenas de denuncias llegue una intervención de las autoridades competentes, para que luego de pasar unos meses se vuelve a lo mismo, en muchos casos con mayor frecuencia.

Esta realidad seguirá pasando mientras prime el interés particular por encima del interés colectivo, atentado que solo podrá terminarse cuando el Estado decida asumir su responsabilidad de protector de las grandes mayorías e implemente de forma seria la Ley de Medio Ambiente 64-00, la cual establece de forma taxativa el carácter de prevención, regulación y control sobre toda situación que ponga en el peligro el patrimonio natural.

De ahí que toda situación que ponga en riesgo el 70% del agua que se consume en el país, indudablemente que significa un atentado a la seguridad ciudadana de todas las personas que viven en la República Dominicana.

Dejo estos versos escritos por una distinguida pluma de nuestra América, la gran poetisa chilena Gabriela Mistral, para la reflexión sobre el compromiso colectivo de preservar nuestra naturaleza, apegarnos a ella y si es posible morir por ella:

«Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. “Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Se tú el que aparta la piedra del camino».  Gabriela Mistral.