El chato

El chato

Le conocí hace ya muchos años, cuando él era un adolescente intranquilo deseoso de participación en la vida política criolla. Se presentó un día a mis oficinas de Plaza Naco para decirme que quería ayudarme en mi campaña para diputado, en aquel entonces me reintegraba a las actividades políticas dentro de las filas de mi partido el Reformista.

Acepté de inmediato su oferta y con ella, la cooperación de un valioso grupo de jóvenes del partido que lideraba ese fogoso e intrépido joven dirigente político cuyo nombre correcto es Arístides Fernández Zucco, mejor conocido por todos como «El Chato».

Han transcurrido más de veinte años desde ese memorable encuentro, «El Chato» ha madurado, yo he envejecido, pero ambos todavía estamos inmersos en esa apasionante actividad que es la política, «El Chato con el mismo entusiasmo y energía de siempre, porque para él la política es parte de su propia vida, la siente, la disfruta a plenitud, y porque no, también la sufre.

Nadie más que él le ha brindado tanto tiempo y energía a una causa política, entregado por entero a Balaguer y a su partido, presidiendo por largos años la juventud reformista, ganó con su trabajo el espacio que le corresponde en primera línea, no sin antes sentirse marginado y rechazado por sus propios correligionarios muchos de los cuales sólo le deben favores y generosos esfuerzos en beneficio de intereses comunes.

Como legislador que fue en dos periodos, se distinguió en las relaciones internacionales parlamentarias, siendo uno de los precursores de la participación de nuestro congreso en los parlamentos del área. Fernández Zucco nació para la política, y ello encierra decepciones y satisfacciones, su entusiasmo y fogosidad no han mermado cuando va en busca de lo que cree una causa justa.

Me ha tocado a través de todos estos años estar de su parte, todavía me contagio de algún modo con su cautivante entusiasmo.

Los años han hecho del «Chato» un hombre de bien, trabajador ejemplar esposo y padre, respetuoso como siempre para aquellos que podemos ser sus padres, y que en cierto modo lo hemos sido. Su carácter intranquilo y en ocasiones alterado oculta un temperamento jovial y un bondadoso espíritu.

Conciliador por excelencia, cualidad de un político nato, es él de los principales responsables de muchos arreglos de carácter político que han cosechado pingües beneficios para las causas que ha abrazado.

Hoy día cuando la campaña política reciente ha concluido con los resultados electorales por todos conocidos, hemos querido obsequiar al «Chato» este testimonio su trabajo y a su desbordante personalidad, que sirve de ejemplo para todos los jóvenes que en el futuro piensen hacer de la política su actividad preferida.

Todos los integrantes del Consejo Presidencial Reformista, que apoyamos sin reservas la candidatura triunfante del doctor Leonel Fernández Reyna, reconocemos que la participación del «Chato» fue de primera línea, sus oportunas intervenciones y su espíritu conciliador lograron resultados que parecían imposibles, ahora que el objetivo principal del grupo está logrado, esperamos sinceramente que a éste consecuente y filial amigo el futuro inmediato le depare todo género de merecida recompensa.