El cerebro y la risa

El cerebro y la risa

JOSÉ A. SILIÉ RUIZ
El psicólogo inglés Robert Holden, quien es uno de los precursores a nivel mundial de la risoterapia, planteó hace unos años, desde su clínica en Londres, que no hay mejor remedio para la tristeza y algunos estados emocionales que la risa. Se acepta la risoterapia como parte de la moderna Psicología, y no es en vano porque cuando nos reíamos usamos más de 400 músculos del cuerpo, así como se lee, cara, boca, tórax, cuello y abdomen participan; en fin que es la acción más compleja desde el punto de vista de intervención motora que podemos realizar los humanos.

¡Otro palo a la tristeza! Es una obra de la autoría de una exquisita dama ida a destiempo, y publicada post-mortem, fruto de la genialidad de una persona que en vida fue de nuestros afectos, María Elena Bretón. Quienes la conocieron pueden dar fe de que se trataba de alguien excepcional, en su existencia. Fue un ejemplo de lo que es solidaridad, atención, cortesía y fino trato para con todos sus amigos. Cuando estaba preparando la edición de ésta su última obra, nos pidió como neurólogo, nuestros comentarios sobre la risa.

La acotación que escribimos fue publicada en dicho libro y nos citamos: “El reír está demostrado que es una de las terapias más seguras para lograr la felicidad; esto se debe a que durante este gratificante y complejo proceso, el cerebro segrega sustancias tales como las endorfinas, que está inequívoco, son más efectivas que las drogas alucinógenas más potentes que se conocen.

El fenómeno de sonreír implica en nuestro cerebro, la participación de un mayor número de músculos y conexiones nerviosas de las que se necesitan para cualquier otra acción humana. Tal como caminar, esto deja claro que el sabio cerebro le da una jerarquización muy importante a la acción de reír. En el área motora cerebral, donde tenemos la representación funcional de las acciones impulsoras, son los músculos de la cara y la lengua, las áreas más grandes en esa parte del cerebro, junto a las manos, en el mapa de cómo el cerebro reconoce nuestro cuerpo en ese territorio cortical que gobierna la voluntad motora.

Está demostrado que la risa tiene efectos sedantes y relajantes. Sustancias tales como la serotonina, el cortisol, la dopamina y particularmente la oxitocina, quedan aumentadas cuando sonreímos. Estas son de las principales hormonas neurotransmisoras que participan de la conducta humana y de los estados de falta de ánimo, de lo que lógicamente se infiere que la risa tiene mucho que ver con el buen equilibrio emocional.

Por todo esto, mis queridos amigos, debemos aceptar que la risa sigue siendo una compensación a la abulia, a la apatía y la tristeza que en ocasiones nos embarga. Es la risa bálsamo refrescante al tedio de la rutina, la tristeza de las distimias, a las amarguras de las demandas emocionales, sociales y laborales, en fin la risa sigue siendo un remedio infalible. Así que practíquela siempre y por qué no sonreír para que su cerebro trabaje mejor”.

Si ser alegres implica la simple aplicación de la inteligencia racional para enfrentar los retos del diario vivir, sería lógico pensar que nos hacemos menos sensatos, al tratar de concebir la vida desde la desdicha. Si esos momentos de felicidad tienen tanta complejidad en nuestros cerebros y nuestra estructura muscular, cuando está presente la risa, es por algo. No creemos que sea necesario ser un genio para admitir que el optimismo, la alegría y la resuelta decisión de ser felices, nos son de grandes beneficios en este mundo de demandas y conflictos. Definitivamente la risa es un elemento de dicha, y si resulta tan económica y da tantos beneficios, la ecuación a nuestro favor es elemental, vamos a reírnos.