El Carnaval: ¿Atrapados en la cultura?

<p>El Carnaval: ¿Atrapados en la cultura?</p>

MARLENE LLUBERES
Una de las celebraciones culturales en donde se conjuga una mezcla de emociones y entusiasmo es “La fiesta de carnaval”. La realidad tras las máscaras y disfraces, de todas clases y rasgos, dependiendo de la región de que se trate, es el ocultar, cubriéndose o camuflando el rostro, la verdadera identidad, dejando de ser quienes son para ser, por un día, totalmente distintos. Tiene su origen en fiestas paganas. Deriva de dos palabras italianas: CARNE-VALE; expresión que significa: “carne – adiós”, indicando la excesiva licencia sensual permitida en los días de carnestolendas, antes del tiempo en que se conmemora la muerte de Cristo; implica darle rienda suelta a la carne.

Surge directamente de las saturnales romanas que, en principio, tuvieron carácter religioso en todos los pueblos de la más remota antigüedad. Con esta fiesta se celebraba el año nuevo, para que éste les sea favorable y mucho más benigno con la entrada de la primavera que simbolizaba el renacimiento de la naturaleza.

En carnaval todo se soporta, todo es risa. Se da honor a Dionisio, también llamado dios baco, el dios griego del vino; en una mezcla de mitos, creencias, religión y profanación, donde el diablo se constituye en amo y señor de bebedores y danzantes, envueltos en un ambiente caracterizado por la comisión de actos desordenados y excesivos, no regidos por la razón.

Así es el carnaval, con su historia, sus tradiciones, su origen y con todo lo que se muestra en estos días donde se produce una completa alteración de todos los órdenes de convivencia: social, sexual, moral, con la subversión de todo principio discerniente entre el bien y el mal, donde los participantes se abstraen de la realidad y desconocen su entorno como un mecanismo de escape para seguir en la rutina de otros días. Es un lapso efímero, donde se olvidan penas, amarguras, sinsabores y todo tipo de problemas.

El hombre, por sentirse atrapado en la cotidianidad, hace cosas contrarias al deseo de Dios y busca, desesperadamente, momentos de alegría a través de los cuales pueda hacer desaparecer sus sufrimientos o complicaciones del diario vivir, búsqueda, que, muchas veces, conlleva a la pérdida de los valores morales y espirituales. Es entonces cuando, quizás de manera imperceptible, se ve involucrado en el alcoholismo, en el juego, en la práctica de pasiones desordenadas y, como en esta época, envuelto bajo el pretexto del carnaval, uniéndose a festividades que exaltan valores que van en franca violación a los preceptos trazados por Dios para la humanidad, considerando buenas aquellas cosas que, desde el principio, Dios las había llamado malas.

Sin embargo, bajo estas circunstancias, como consecuencia indefectible, se percata de que cada día los problemas, frustraciones y tristezas van en aumento, y que el camino elegido provee momentos de satisfacción, que, al finalizar, dejan su alma en la más completa ruina.

Es Dios quien nos dice: dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.

Es exactamente lo que ocurre en nuestras vidas cuando procuramos la satisfacción de nuestras necesidades en los placeres desordenados de este mundo, dejamos a un lado a Dios, fuente de vida eterna, el único que con su Espíritu puede llenarnos de una vida de gozo constante, permanente, a pesar de las circunstancias que estemos atravesando para lo cual no tenemos que esperar, cada año, un carnaval o una fiesta que nos haga sentir bien o donde pretendamos ser lo que no somos, divirtiendo a los demás, buscando la felicidad a través de la risa de otros, sino que podemos encontrar la paz interna, la cual Dios ofrece en abundancia, una paz capaz de brindar no sólo la risa a otros, sino más aun, aquello que es permanente e imperecedero.

Cuando perseguimos el bienestar a través del camino correcto, y somos llenos de la plenitud de Dios, podemos ser capaces de gozarnos en la esperanza y perseverar en el sufrimiento, seguros de que, aunque tengamos problemas y necesidades que deben ser cubiertas, si a Dios encomendamos nuestro camino, nuestro corazón se alegrará, y nadie nos quitará el gozo que el depender de Dios trae a nuestras vidas. El Dios de la esperanza nos llenará de todo gozo y paz, si en El creemos.

Tengamos por sumo gozo, el hallarnos en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de la fe produce paciencia, alegrémonos en su misericordia, porque El ve nuestro dolor; conoce las angustias del alma y es el único con la solución perfecta y definitiva para cada una de nuestras urgencias.

No seamos partícipes, en nombre de la cultura, de prácticas paganas, como medio de mitigar nuestros requerimientos, acudamos al verdadero Dios, quien envió a su hijo a morir en la cruz para que, a través de esa muerte, pudiésemos, hoy, alcanzar una vida de abundante gozo.