El bolero como una
necesidad humana

El bolero como una<BR> necesidad humana

El ser humano es el único ente del universo que el destino no lo toma desprevenido, apela a incontables recursos para suplir sus necesidades. Cuando precisó de llevar y traer mercancías a lejanos pueblos se hizo de la embarcación. Si era para trasladar grandes pesos y muchas personas a la vez ingenió la locomotora. Cuando la salud fue precaria a causa de las epidemias y enfermedades locales, creó la vacuna y los antibióticos. Para trasladarse más rápido en el tiempo por tierra o por aire, surgen el automóvil y el avión.

¡Pues el bolero no fue la excepción!

Cuando el hombre y la mujer sienten el deseo de tener cerca, íntimamente, en los momentos de recreación al ser amado, aparece como una necesidad ese ritmo perfumado de sentimiento y cuya fragancia sensual nos ha tocado a todos en momentos dados de nuestra existencia, llamado bolero.

El bolero no es el producto o la creación de un individuo, sino que es el resultado, el compendio de varios aportes melódicos que se expandieron en un época y que por la ejecutoria primero de varios trovadores y de otros músicos más especializados después, llegó el momento de conformar un nuevo género llamado así.

Pero no solo fue la necesidad carnal, sino también espiritual del enamorado decir en un bolero su más profundo sentir por su pretendida, ya sea en declaración de amor, o por la dicha de tenerla a su lado como compañera, o quizás para cantarle de la cortante herida que rasga su alma por el desprecio de la amada.

En la genealogía del bolero está el «country dance» inglés (un estilo de baile del campo) que se popularizó en Europa y que por la corruptela del idioma se le llamó «contradanza», la cual es llevada a la Isla de Santo Domingo por los colonizadores franceses, quienes se establecieron en la parte occidental, y entonces se mezcla con la percusión de los esclavos negros traídos de África y con otros elementos nativos y se crea la «contradanza americana» que se popularizó en los inicios del siglo XIX.

Cuando la esclavitud se abolió en Santo Domingo los hacendados franceses parten de la isla y se dirigen al punto más próximo a su conveniencia que fue Santiago de Cuba.

Pues así llega la «contradanza americana» a Cuba y se expande por toda la región oriental enriqueciéndose con los elementos propios del lugar y así nace la «contradanza afrocubana», cuya transformación se debe principalmente al genio musical de don Manuel Saumell, encontrándose en sus partituras acordes del danzón, la clave, la danza, la criolla y la habanera.

El bolero llegó como una necesidad del hombre y la mujer acercarse en la música, ya que en épocas pasadas en las fiestas y celebraciones se bailaba el vals, la contradanza, la polka, la mazurca y otros estilos con las parejas sueltas o en grupo y casi siempre a nivel de la alta sociedad. Por eso el bolero nace de la clase humilde, de la clase popular que quiso tener también su música y estrictamente romántica.

En sus inicios el bolero era exclusivo de los trovadores que como Pepe Sánchez y sus discípulos Sindo Garay (quien trajo el bolero a República Dominica a finales del siglo XIX), Alberto Villalón, Manuel Corona y Rosendo Ruiz (los cuatro grandes de la vieja trova cubana) lo proyectaron a todos los ámbitos cubanos.

Hubo otros creadores del bolero contemporáneos de Pepe Sánchez, figuras como Manuel Limonta y Nicolás Camacho, pero que no dejaron ningún testimonio de sus obras. El bolero llega a la Habana de manos de Sindo Garay y Alberto Villalón, presentando este último en el teatro Alhambra su revista «El Triunfo del Bolero» y así sienta reales en la capital cubana.

El mismo Villalón integra una compañía artística y se va a México sembrando en la capital azteca la semilla del nuevo género romántico y así comienza el llamado «Bolero Mexicano», que tuvo como sus primeros cultores a Armando Villareal Lozano (Creador de Morenita Mía, considerado el primer bolero mejicano), Enrique Galaz, Ricardo Palmerín Pavía (Peregrina con los versos de Luis Rosado Vega), Guty Cárdenas (Quisiera, con versos de Ricardo López Méndez, Domingo Casanova (Con versos de Osvaldo Bazil, dominicano), Agustín Lara (Mujer), Joaquín Pardavé (Negra Consentida), Gonzalo Curiel (Vereda Tropical), Luís Arcaraz (Quinto Patio), Consuelo Velázquez (Bésame Mucho), y otros.

Puerto Rico tuvo muchas figuras destacadas en la creación bolerística, tanto en la composición como en sus intérpretes, descollando Rafael Hernández, Pedro Flores, Alexis Brau, Benito de Jesús, Silvia Rexach, Don Rafael Muñoz, Bobby Capó, y en tiempo más cercano, Tite Curet Alonso entre otros.

El bolero tuvo suerte porque su nacimiento corrió con el de la industria discográfica y el desarrollo de la radiodifusión y así desde las emisoras cubanas y mejicanas el bolero se diseminó por todas las naciones del continente, que también empezaron a producir boleros de manufactura criolla, como aquí en República Dominicana de la autoría de Bienvenido Troncoso, Julio Alberto Hernández, Luis Alberti, Enriquillo Sánchez, Bullumba Landestoy, Juan Lockward, Mario de Jesús y otros de igual categoría

El bolero de guitarra trovadoresca  pasó a una categoría superior cuando se le hace arreglos para orquestas y conjuntos y de las composiciones sencillas pasa a apoderarse de los versos de los poetas y evoluciona de una manera notable.

Pero el bolero de guitarras permaneció vigente con el surgimiento de tríos de incuestionable calidad en su lírica como en interpretación, como El Trío Los Panchos, El Trío Vegabajeño, Los Tres Diamantes y el Trío San Juan, entre otros.

Por su flexibilidad para combinarse con otros ritmos el bolero se multiplica a si mismo y nacen las modalidades: «El Bolero Mambo» (Ay no, no, no de Bienvenido Brens en voz de Lucía Félix) y Cariñito Azucarado de Enriquillo Cerón, en voz de Virginia López); «El Bolero Ranchero» (Amorcito Corazón, (Pedro de Urdimalas, en voz de Pedro Infante. Primer bolero Ranchero); «El Bolero Moruno» (Egoísmo, de Moisés Zouain con Lope Balaguer y Maldición Gitana de Avelino Muñoz con Bobby Capo); «El Bolero Beguine» (Volver a empezar de Cole Porter), «El Bolero Rock» (Algo Fácil de Olvidar en voz de Roberto Yánez ); el «Bolero Son» (Sin ti, de Rafael González Peña, con José Luís Moneró), el «Bolero Tango» (Sigo Queriéndote igual, con Fernandito Álvarez y el Trío Vegabajeño), el «Bolero Cha» y «El Bolero Jazz».

En República Dominicana el bolero tuvo una variante muy especial, aunque efímera, que fue el Bolemengue, creación del músico puertoplateño Luís Senior, el primero fue con el titulo «En Dónde Estás», con interpretaciones individuales y, magnificas de Rafael Colón y Casandra Damirón. Hubo otros como «Enamorado» de Babín Echavarría y «Creo» de Luis Alberti.

Con la radiodifusión el bolero se convirtió en un producto de consumo masivo ya que la televisión no estaba perfeccionada y fue a través de la radio que las grandes figuras del momento y las nuevas revelaciones daban a conocer sus temas musicales y románticos desde los radioteatros que fueron habilitados en las principales estaciones. La radio permitió que se exportara el bolero de una nación a otra y viceversa.

También facilitaba que las nuevas creaciones llegaran al público antes de llevarse a las prensas fonográficas y sobre todo que permitió que los cantantes negros al lograr fama a través de la radiodifusión fueran admitidos en clubes que los rechazaban por el color de su piel.

Con la invención del fonógrafo y la vellonera el bolero se hizo rey de los ambientes de las fiestas familiares y de los sitios públicos de diversión y su popularidad aumentó de tal manera que la demanda de discos y aparatos de radio fue enorme y el intérprete del bolero empezó a cotizarse.

Pero a pesar de que el género ha perdido espacio en los últimos tiempos se mantiene vigente en programas especializados y por suerte tenemos en la Internet una inmensa «Boleroteca» (Si cabe el término) que sigue acumulando un sin fin de temas que garantiza una existencia eterna a esa necesidad musical romántica llamada bolero.