El Barco España

El Barco España

Por  FEDERICO JOVINE BERMÚDEZ
Al generalísimo, de quien decían “que la profundidad de visión era tal que paralizaba a quien lo contemplaba” lo engañaron como a un indio durante su espectacular viaje a España en 1952, cuando no teniendo más en qué gastar, ni cómo demostrar el profundo estado de bienestar de su pueblo, adquirió para beneficio de unos tártaros que aún deben de estar riéndose de él, un buque bien desvencijado botado antes de la Primera Gran Guerra Mundial, que se encontraba listo para el desguace, cuya vetusta obra muerta, al formalizarse la venta, quedó rebautizada como “España”.

Como pasajeros de ese vetusto ataúd flotante cruzaron el Atlántico más de 3,000 emigrantes acogidos a su “Venturosa Política de Puertas Abiertas” que fueron a dar con su acento, sus huesos y sus esperanzas a los cenagales de Baoba del Piñal, comunidad de la remotísima Provincia Julia Molina donde deberían desarrollar colonias dedicadas a la actividad de siembra y al mejoramiento de la tierra, enfatizándose que era básico para su integración a la sociedad el adiestramiento del personal que utilizaren como peones agrícolas.

Amén de que se vería con buenos ojos que algunos de aquellos sementales de raza blanca se dieran a la tarea de preñar a nuestras mujeres con fines de ir adelantando nuestra raza, que a fuerza de mezclar tanto su sangre con miembros de la raza negra nos hacen correr el riesgo de desfasarnos genéticamente, porque hay estudios de que la mezcla con los haitianos se ha ido convirtiendo en un factor desestabilizador de nuestro ADN, lo que predispone al sujeto resultante además de a la vagancia, a vivir sin un norte y sin Dios.

Y a querer ignorar que todo tiene un orden previsto y determinado, bajo pena de que el Estado revestido de la potestad que le confiere la Constitución les obligue a asumir reglas de comportamiento, y como la gran cantidad de inmigrantes a ser aceptados son individuos en los que predomina la raza caucásica, el generalísimo ha entendido a sus consejeros capitaleños acerca de que el desarrollo de su Política de Puertas Abiertas debe continuar, ya que solo de esa manera sería posible levantar una muralla biológica en la frontera con Haití convirtiendo la región fronteriza en un placer lleno de elementos blancos, abundante material existente en Europa, como apátridas desplazados por la guerra.

El barco España comenzó a vivir sus últimos días a partir de una fallida maniobra en la que un oficial dejó entrar agua de mar al sistema de enfriamiento, para evitar que explotara una de las viejas calderas; cuando los miembros del congreso comenzaron a reírse del desliz, Trujillo ordenó que los subieran a bordo para hacerles bordear en rol de pasajeros las costas dominicanas, las islas adyacentes y los lejanos arrecifes y bajíos del Banco de la Plata, ¡había que ver las fílmicas! Al desinteresarse Trujillo del tan manipulado buque, este permaneció durante mucho tiempo anclado en la margen occidental del Río Ozama, terminando sus años como cabaret y hotel de paso.

Allí nos iniciamos con una mangrina cuyos olores a “Cremas Negros” a leña mojada, a pachulí y a sexo cerril, irrumpen en forma recurrente desde mis sueños más remotos, provocándonos una angustiante sensación de espanto y grima ¡Ah la juventud que por un goce de esa índole, es capaz de coger gusto hasta con la madre del diablo!