EDITORIALES

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Economía y política

La economía del país está en condiciones delicadas por causas que todos conocemos. Después de la detección de un hoyo financiero de RD$55,000 millones todo el mundo sabe klo que ha estado pasando, y más que saberlo, todo el mundo lo está sufriendo de una manera o de otra.

Las consecuencias de ese hoyo financiero, y de otros más, han puesto a prueba la capacidad del Gobierno para maniobrar y atenuar sus efectos. Es así como han resultado ineficaces unas medidas de fuerza adoptadas para tratar de ponerle freno a las alzas en la cotización del dólar, pues una de sus secuelas más inquietantes es el nada sorpresivo surgimiento o agrandamiento de un mercado negro que maneja a su conveniencia la disponibilidad de dólares para la venta y el precio a como debe ser vendido,

Esta inestabilidad cambiaria se añade a la carga fiscal para influir en los costos de los bienes y servicios habidos y por haber, constituyéndose en un fardo muy pesado para el presupuesto de las familias.

La incertidumbre de la economía ha provocado a su vez una crisis de confianza que se presta para todo, como encarecimiento del dinero y fuga de capitales hacia el exterior.

Con la aprobación del Presupuesto y la reforma fiscal se abre la vía para que entre en vigencia un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que implicará una reducción del tamaño de la economía y de la capacidad adquisitiva del dinero, cada vez más devaluado.

Existe la seguridad de que el problema económico del país ha tenido como agravante la pugna política que ha caracterizado la búsqueda del poder en la presente etapa y que llega más allá del natural debate interno de los partidos para poner en peligro la estabilidad institucional y la gobernabilidad.

En las condiciones actuales, con amagos de crisis política, lo menos que podemos lograr es un agravamiento de la crisis de desconfianza que hay en torno a la economía. Los actores de la política deben tomar muy en cuenta que en sus manos está viabilizar un alivio de la situación, o agravarla en perjuicio de todos.

Distorsiones

Los combustibles derivados del petróleo han sido encarecidos hasta alcanzar precios sin precedentes.

Las causas determinantes del aumento no han sido los precios internacionales del petróleo y no parece que tan sustancial alza obedezca a las fluctuaciones de una semana de la tasa de cambio del dólar.

En realidad, había sido anunciado el reajuste de los impuestos quer se aplican a los combustibles.

Hasta aquí todo va bien, pero no se entiende que los choferes de carros públicos estén anunciando alzas de pasajes, o mejor dicho, que hayan empezado a aplicarla desde ayer mismo, cuando el precio del galón de gas licuado de petróleo se mantiene intacto. Aquí por lo menos un 80 de los carros del concho.

Es un contrasentido que los choferes le exijan al Gobierno que actúe con transparencia en el manejo de los ciombustibles, mientras ellos mismos actúa sin rtransparencia cuando incrementan los pasajes.

Sería justo que en esta materia el Gobierno hiciera los reajustes necesarios para que los precios de los combustibles se correspoondan con lo que es justo. Pero también lo sería si los choferes dejan de actuar de manera que perjudica a los ciudadanos, iomponiendo tarifas caprichosas.