Duarte y su concepto de libertad

Duarte y su concepto de libertad

La reciente novela histórica de Manuel Salvador Gautier, sobre la permanencia de Duarte en Barcelona, cual ha sido ya objeto de premiación, se basa, según el propio autor, en investigaciones que una descendiente del patricio realizara acerca de esa etapa de su vida, durante la cual parece haber indicios ponderables, en cuanto a su posible noviciado en un seminario católico de esa ciudad.

El autor también pone de relieve el probable contacto de Duarte con independentistas catalanes de la época, y su pronta adhesión a ideas revolucionarias  en cuanto a la concepción de Estado moderno, en el cual se incluía el poder municipal como una novedad político-administrativa en Europa.

Un Duarte eminentemente cristiano y libertario, que entrega su vida a la causa de la soberanía nacional, pero también y, de un modo rotundo, a los ideales de igualdad, hermandad, y libertad  de los hombres y pueblos. Experimentado en lucha clandestina y en consignas secretas, y como cristiano, Duarte entendió perfectamente que, como dice Juan 8:32, tan solo será verdaderamente libre, aquel a quien Jesucristo libertare. Por eso, muy probablemente, se inscribió esta clave, este enigma, en el escudo de nuestra bandera: Dios, Patria, Libertad. Precisando que el tipo de libertad: La que viene de la palabra de Dios.

Sus experiencias en España, viajes y contactos con patricios de distintas geografías, le permitieron convencerse de que no sería suficiente deshacerse de la dominación extranjera.

Puesto que no pocos de los que anteriormente habían sido abanderados de la soberanía nacional, la libertad y la justicia social, se convirtieron prontamente en traidores a esos principios, y en ocasiones, como el caso del “Rey” Henri Christophe, en Haití, trataron a su propias gentes igual y hasta  peor que los gobiernos extranjeros y los latifundistas esclavistas. Recordando de paso a Santana, Báez, Lilís, y los otros. Duarte se refería a una libertad mucho más amplia.

Como lo sabe cualquier dominicano de a pie, de cada $100 que él  gana, $40 son de empresarios especuladores y agiotistas, que además le imponen con su mercadotécnica, lo que ha de comer y lo que ha de vestir, y definiéndoles estilos de vida y consumo,  e imponiéndosele como única forma de ser y pertenecer a una absurda y alocada sociedad consumista; y $20, de un gobierno dilapidador y malversador, aunque en los lugares en donde se contrata mano de obra haitiana, la cosa suele ser peor.

Hemos avanzado desde la Independencia de 1844.

Pero dominicanos ni haitianos hemos podido deshacernos de las cambiantes formas de la explotación internacional.

Duarte preveía que aún libres de las potencias, tendríamos que luchar contra las oligarquías nacionales, contra los poderosos y los explotadores nacionales y transnacionales; y contra la corrupción y el cinismo colectivos.

Y que aún quedarían el ego, los vicios, los atavismos, los cuales no solamente nos esclavizan, sino que  nos mueven a sojuzgar  y explotar a otros. Porque solamente serán libres aquellos que el hijo de Dios libertare (Juan 8: 36).