Dualismo de creencias y valores como reflexión de Semana Santa

Dualismo de creencias y valores como reflexión de Semana Santa

A lo largo de la historia, nuestras sociedades han estado sometidas a situaciones que la han mantenido sumergidas en el dualismo de la confrontación de las principales esferas de poder y a nivel de estructuras sociales, a las que se les ha sumado como factor que incrementa la complejidad, el dualismo de creencias y valores de índole individual, que en el plano social produce un dualismo de actitudes y comportamientos.

Ese dualismo de actitudes y comportamientos ha dado paso, según algunos expertos, a tres dualismos: el político legitimador, derivado de la relación entre el Estado y los poderes; el valorativo, derivado del mestizaje cultural; y el de actitud práctica, que se refleja en los comportamientos que constituyen lo que se denomina como doble moral; o sea, la capacidad de actuar en un sentido o en otro, según sea el área valorativa que se asuma como justificación del comportamiento.

Los resultados de la doble moral como característica inherente a la manera de actuar de determinados grupos de poder, han influenciado una parte considerable de la sociedad, se ha convertido en obstáculo para el funcionamiento institucional, en una de las causas más profundas de los problemas sociales, en la incapacidad para superar los niveles de pobreza y poder construir democracias eficientes con sanas economías.

Se podría afirmar que en lo más profundo de las conciencias populares existe un rechazo a la autoridad, lo que impide el ordenamiento social adecuado. Se acentúan los procedimientos formalistas que multiplican indefinidamente leyes, decretos y reglamentos que no se cumplen. Se crean comisiones por encima de las leyes. Se institucionaliza el conflicto como sistema de relación social. El Estado se torna más complejo. La economía progresa en cifras pero no para los niveles populares. Casi nadie cumple su palabra y pocos confían en alguien.

Toda moral implica valoración ética, es decir, el principio de lo bueno y de lo malo. Dentro de la moral tradicional de nuestros pueblos, la autoridad viene de Dios y es buena por principio, pero como dicha autoridad corresponde al área de los valores, cuando quienes la predican no se enmarcan dentro de los principios enseñados, se crean resistencias y rechazo a dicha autoridad.

Ese dualismo explica por qué la ley escrita, las normativas, las relaciones de carácter formal y funcional, son superestructuras con las cuales convive el individuo, pero que no tienen valor real como principio último de ordenamiento. Hay contradicciones, conflictos y pérdida de energías.

Cuando quien ejerce la autoridad intuye que no va a ser obedecido tiende a expresar su comportamiento en forma autoritaria, pero el pueblo, en cuanto tiene que acomodarse a un orden impuesto, lo acata, pero sin asimilarlo conscientemente, solo formal. Porque además casi nunca se le ofrecen explicaciones.

Lamentablemente el dualismo se convierte en lucha y potencial de conflicto permanente. Impide la eficiencia del ordenamiento social y hace más difícil el logro de los beneficios sociales que se obtendrían con el mismo esfuerzo.