Dos actitudes ante figura de Bazárov

Dos actitudes ante figura de Bazárov

POR LUIS O. BREA FRANCO
Desde la liberación de los siervos en 1862, la vida política y social en Rusia reflejaba una gran tensión. Con frecuencia había informes de rebeliones campesinas que venían reprimidas con ferocidad por la fuerza pública; aparecen, además, por esos años en San Petersburgo, diversos manifiestos con proclamas que incitaban a subvertir el orden político y social; y, lo que era lo más grave por la carga de difuso terror que comportaba, aparece en la primavera de 1862 en Petersburgo, el “Gallo rojo”.

Así nombraban los campesinos al fuego, que utilizaban como su arma preferida contra los terratenientes. Este fenómeno produjo terrible inquietud e impuso que la gente permaneciera en vela toda la noche, lo que trastornó las relaciones y actividades en la ciudad. En efecto, en la primavera de 1862 comenzaron a ocurrir en San Petersburgo grandes incendios que destruyeron en pocas horas sectores céntricos y muy poblados. Y la gente desesperada atribuía su origen a los nihilistas.

Era natural que se interpretara el clima de desasosiego en que se vivía como el anuncio cierto de una revolución inminente. En ese difícil momento social es que aparece la novela de Turguéniev “Padres e hijos” y la izquierda, cuyos métodos y objetivos pretendía retratar, la juzgó según entendieron el autor buscaba difamar o exaltar la figura de Bazárov.

El crítico de la revista de mayor renombre de orientación radical, Antónovich, de “El contemporáneo”, quien había sustituido a Dobroliubov, escribió un comentario muy agresivo contra el autor, titulado: “El asmodeo de nuestro tiempo”, donde señalaba que el objetivo de Turguéniev era desacreditar la lucha de la nueva generación que aspiraba a sustituir el orden injusto de la sociedad.

Según Antónovich, el autor esboza en Bazárov a un personaje frío, carente de sentimientos, repulsivo, aterrador, satánico. El crítico al asociar el nombre de un demonio lujurioso con el protagonista de la novela buscaba relacionar la obra a un tipo de literatura que los jóvenes consideraban despreciable, pues pretendía defender la fe ortodoxa rusa y esto era sinónimo de oscurantismo entre los contemporáneos.

El crítico no se quedó en el puro debate de las ideas y concentró su ataque sobre la persona del escritor en términos que rozaban la difamación, y concluía al afirmar que aquello que los jóvenes negaban no era el arte o la poesía, sino precisamente el arte y la poesía decadente de Turguéniev.

Otro escritor relevante de la izquierda, Dimitri Pisarev, brillante crítico de la revista “La palabra rusa” y discípulo directo de Chernishevski, actuó de un modo más inteligente e irónico.

El método que Pisarev recomendaba adoptar respecto al momento que se vivía en Rusia puede resumirse en el siguiente planteamiento: “Si la autoridad es engañosa, la duda la destruirá, y con razón; si es necesaria o útil, entonces la duda le dará vueltas, la examinará por todos los ángulos y volverá a ponerla en su lugar”.

El crítico armado con semejante determinación de destruir lo caduco encuentra sumamente atractiva la figura de Bazárov y alaba en el personaje, precisamente los rasgos que rechaza Antónovich.

Para él, Bazárov supera a todos los personajes de la novela. Entiende que no es de extrañar que sea presumido, pues vive en un horizonte infinito respecto a los demás. Por esto no puede ser insultado o rebajado por la gente ordinaria, ni halagado por consideraciones o señales de respeto.

El crítico acepta también el calificativo que le endilga Antónovich. En efecto, por su forma de ser nihilista revela, en verdad, un “orgullo satánico” que deriva de su “empirismo” radical. Bazárov reduce todas las cuestiones a su preferencia individual: “Ni por encima de él, ni dentro de él reconoce ninguna norma, principio o ley moral.

Las personas semejantes a Bazárov “pueden ser, o grandes creadores o grandes transgresores; o  buenos ciudadanos o perfectos canallas”. El nihilista, según Pisarev, actúa por “cálculo”, y es consciente de que al cometer un crimen este puede ser descubierto y castigado. Para él violar la ley puede ser una desventaja y por esto lo evita. Mas Bazárov, tal como lo interpreta Pisarev, está muy por encima para condolerse moralmente por los crímenes que pudiera perpetrar y jamás subordinaría su voluntad para cumplir con anticuados prejuicios.

A lo largo de su interpretación, Pisarev resalta la grandeza de Bazárov como individuo que sobresale no sólo sobre la gente del pueblo, sino entre la gente educada. Bazárov es un personaje único, un ser extraordinario y el crítico destaca la radical diferencia entre la masa y el tipo consciente de sí mismo que representa con altivez el nihilista.

Mientras Antónovich es incapaz de aceptar e reinterpretar positivamente la diferencia de los Bazárov frente al pueblo llano representado por la ignorante y retrasada masa de campesinos siervos, pues concibe la lucha por la liberación socioeconómica y política desde la unión estratégicamente concebida de la intelectualidad con las masas. Pisarev abiertamente acepta la visión del nihilista que actúa solo, movido por sí mismo y por sus propios objetivos, como algo positivo. Por esto puede admitir que la gente sea considerada por el nihilista con desprecio y consentir que busca mejorar y elevar a la misma gente que desprecia.

Pisarev cree ver en esta dialéctica una ley universal: “En cada período ha habido gente insatisfecha con la vida en general, pero siempre estos han sido una minoría insignificante. Las masas siempre han vivido satisfechas y sólo cuando acontecen grandes catástrofes históricas o naturales estas se ponen en movimiento y se abalanzan a la destrucción de su habitual existencia. Esta masa no hace descubrimientos, ni comete crímenes; otros piensan y sufren, buscan y encuentran, se esfuerzan y yerran en su nombre…”.

La interpretación de Bazárov por parte de Pisarev fue una incitación que contribuyó a encender la imaginación febril de Dostoievski y lo condujo a concebir la figura de su nihilista, Raskólnikov. En efecto, en esta posición se encuentran esbozados los elementos fundamentales del artículo que Raskólnikov escribe “Sobre el crimen”, donde divide a la gente entre una gran masa de seres sin importancia, de piojos que pueden ser aplastados, y una minoría de personas geniales que pueden abrogarse el derecho a pasar por encima a las normas morales o sociales y llegar a suprimir a los otros mediante el crimen o el terrorismo.