Doña Zoraida: madre auténtica de la educación dominicana

Doña Zoraida: madre auténtica de la educación dominicana

¿Desde cuándo conocí a doña Zoraida? ¿Dónde? ¿Bajo cuáles símbolos de superación y dignidad? Puedo decir que “desde siempre”, porque lo siento de esa manera. Estuvimos tan ligados a nuestro oficio común de las aulas. Nos identificamos tanto con los servicios a que debíamos dedicarnos; a los ideales de superación grande y digna.

Todavía es tan corta tu ausencia, que nos parece que aún no te has marchado,  que nunca te marcharás, porque eres el paradigma del Maestro. Sentimos que penetras a las aulas para entregar algo más de cuanto has aportado a la disciplina de la enseñanza, en un país, tu país, tan necesitado de aportaciones. Por eso sentimos que nos esperas a la vuelta del recodo, con tu asombro sencillo, contagioso, permanente.

Profesional, mujer de firmes convicciones, compañera infatigable del afán educativo, amiga, colega de sentimientos entrañables, de palabras sin dobleces ni evasivas.

Maestra, Madre, familiar sin desmayos ni protestas. Sólo un camino: El ideal de la dignidad y suficiencia. 

Maestra, amiga y compañera de jornadas, sin descanso, sólo el júbilo de las realizaciones a su tiempo.

Amiga, compañera en el trajinar de cada día.

Cultivadora de tu propia formación y la formación de tus alumnos de generaciones incontadas.

Así fuiste, Zoraida, amiga de largas temporadas, que nos vimos madurar, pero nunca a doblegarnos.

“… Madre que me has enseñado que es un círculo el camino. Por eso vuelvo contigo” (Facundo Cabral).

Tus frutos reverdecerán por mucho tiempo, por muchas generaciones.

Gracias, doña Zoraida, por siempre, gracias.