Dialogo con Fulgencio Espinal

Dialogo con Fulgencio Espinal

“He luchado para que me acepten como referencia moral”.
En el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) hay un dirigente de la tercera edad que no se da por vencido, un “viejo Roble” del partido blanco que defiende  a uñas y dientes los ideales políticos que dieron origen a esa organización y, más que eso, un hombre que ha asimilado la realidad de que ha surgido un nuevo liderazgo de hombres y mujeres jóvenes,  a  quienes les tocará gobernar en su momento histórico.

Desde que asumió el compromiso de inscribirse en el PRD, el 5 de septiembre de 1961, Fulgencio Espinal ha recorrido un largo y sinuoso camino de luces y sombras,  de flores y espinas y de momentos de gloria y amarguras.  Su historial de dirigente perredeísta  está salpicado de persecuciones políticas, asedio, exilio doloroso y, además, encarcelamiento.

Ha sido testigo ocular y protagonista de desgarradoras luchas internas en su partido, de intrigas, malquerencias y trapisondas.  Esa experiencia, acumulada a lo largo de casi 50 años, le ha permitido enseñar, transmitir sus conocimientos a varias generaciones  de jóvenes dirigentes del PRD.

Su formación anti trujillista fue determinante para abrazar la causa del PRD, organización que desde 1939 se mantuvo en el exilio denunciando los crímenes de la satrapía trujillista y que formalizó su llegada al país el 5 de julio de 1961.

Fue Jorge Yeara Naser  quien  motivó a Fulgencio Espinal, a Luis Márquez y a Darío Belliard para que se inscribieran en el partido blanco.

Desde los inicios como dirigente juvenil del PRD, Espinal confrontó problemas con los militares de la provincia de Dajabón. Pero eso no lo amedrentó.

En las elecciones de 1962 acompañó al profesor Juan Bosch, candidato del PRD y a otros dirigentes,  en los recorridos proselitistas que llevó a cabo.

Cuadro político. Fulgencio Espinal se formó como un cuadro  político importante del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) estando en su provincia.

El partido necesitaba formar cuadros medio y, cuando Bosch ganó las elecciones, lo asignaron al Centro Interamericano de Estudios Democráticos y Sociales, que entonces dirigía Sacha Volman. En ese grupo estaban, además, Abraham Bautista Alcántara, Guillermo Rubirosa Fermín y otros jóvenes.

Cuando se produjo el golpe de Estado contra Bosch, en 1963, ese grupo jugó un rol importante en la reorganización del PRD. Desde el exilio, el doctor José Francisco Peña Gómez, quien ocupaba la secretaría general del PRD, le comunicó a Fulgencio que debía trasladarse a Dajabón a reorganizar a los perredeístas, tarea que asumió con responsabilidad. Tenía 19 años de edad. Pero sumió el cargo de secretario general del partido en Loma de Cabrera.

En 1964, en el primer aniversario del golpe de Estado, fue apresado y conducido a la base aérea de San Isidro. Junto a otros dirigentes del PRD, Fulgencio Espinal participó en la revuelta de Abril de 1965 al lado de las tropas constitucionalistas.

Fue detenido durante 33 días cuando se trasladaba al interior del país. Su liberación fue negociada por una comisión encabezada por el sacerdote nicaragüense Miguel D’Escoto.

Como dirigente de referencia,  Fulgencio se mantuvo activo en el PRD. Acompañó a Antonio Guzmán, candidato vicepresidencial del PRD en 1966, en los recorridos políticos por el Cibao. Su jerarquía creció en la organización.

Posteriormente,  cuando Bosch pierde las elecciones, Fulgencio se inscribe en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde asume la secretaría general del Frente Universitario Socialista Democrático (FUS) y como dirigente de la Federación de Estudiantes Dominicanos.

Cuando se produce la ruptura de Bosch con el PRD, en 1973, Espinal se queda en el partido blanco y retorna a la frontera a reorganizar, nueva vez,  el partido. Cuando el Acuerdo de Santiago se abstuvo de participar en las elecciones generales de 1974, Fulgencio acompañó a Hatuey  Decamps  Jiménez en el programa “Bastión Democrático”, y eso elevó su notoriedad en el PRD.

En ese entonces el Gobierno de Joaquín Balaguer le había prohibido a Peña Gómez hablar por radio y televisión.

Peña Gómez, su líder. “Creo que mi defecto personal es no haber sido como fue el doctor José Francisco Peña Gómez.  Yo gocé del afecto personal de ese gran líder. En los momentos difíciles fue el amigo que en cada viaje, me enviada doscientos o trescientos dólares a Madrid. Él me eligió como parte de sus amigos.

 “Un día, en Costa Rica,  en 1988, Carlos Andrés Pérez le preguntó a Oscar Arias por mí. Yo estaba hospedado en un hotel, y él fue allá y me llevó un sobre y dijo: Quería verlo. Esto es de parte del doctor Peña Gómez, quien me pidió que lo ayudara. Eso fue un detalle importante y vale mucho.  Peña Gómez no me falló nunca”.

Ni odio, ni rencor.  No le guarda rencor a Hipólito Mejía por haberlo ignorado en su Gobierno. Lo dejó fuera  del tren gubernamental, pese a reiteradas promesas de que lo iba a nombrar cónsul general  en Panamá.  “Prefirió nombrar a un grupo de reformistas, a gente que persiguió a uno, gente que andaban con él para arriba y para abajo.  Jamás podía esperar que con lo que yo sufrí, con esa lucha que libré para rescatar mi moral, no pensé que me iba a pasar cuatro años de Gobierno del PRD completamente ignorado”.

¿Respeta a Hipólito Mejía?, se le pregunta. Fulgencio no vacila en contestar: “Claro, le guardo mucho respeto. Somos amigos y él me distingue. No acepto que se le falte al respeto,  en absoluto”.

¿Valió la pena luchar por el PRD?

“Todo este sacrificio ha valido la pena. ¿Por qué? Sencillamente, porque en el PRD existe hoy en día una reserva, una generación de hombres y mujeres dispuestos a reivindicar a nuestro glorioso partido.

Hay una juventud en el PRD que le está exigiendo el reencuentro con los valores de 1961 y de 1965, en el sentido de que lo que más vale es el pueblo, la justicia social, el socialismo,  la democracia social que hemos predicado. El partido no puede olvidar sus fines.

Nada ha muerto en el PRD, ni siquiera las viejas concepciones de Juan Bosch sobre la lucha de clases entre tutumpotes e hijos de Machepa. En el PRD sobreviven sus ideas y el martirio de los hombres que ofrecieron sus vidas por esos ideales. Me siento honrado, orgulloso de pertenecer a la familia perredeísta”.

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