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Aparentemente,  un 90% de los comunicadores  del país  muestran claramente sus tendencias políticas y, dejan al descubierto la ausencia de objetividad en el manejo  de sus informaciones y comentarios, que  a todas luces no son de fiar para aquellos que los leen o los escuchan.

Los dominicanos no son tan tontos como muchos creen. Saben perfectamente cuáles son los comunicadores  que tienen intereses económicos en los diferentes partidos políticos, pues sólo se pueda hablar de intereses, porque eso de creencias patrióticas, morales o simple simpatías, pasó a la historia.

Es evidente el deterioro actual de la objetividad periodística en el país. Es por esto que gran parte de la población adulta ha aprendido a “leer entre líneas”, para sacar sus propias conclusiones y no dejarse embaucar con informaciones falsas carentes de objetividad.

Es penosa la manipulación informativa  y,  también peligrosa.  Una mentira repetida miles de veces se convierte en verdad, sobre todo cuando se trata de encausar o lavar el cerebro a miles de personas, como si fueran borregos, y llevarlos a las preferencias políticas de los comunicadores, muchos de ellos beneficiados con fortunas millonaria que jamás podrían obtenerse a través de un ejercicio periodístico objetivo y serio.

 Al igual que aquellos políticos que se dedican a la venta de partidos, un alto porcentaje de miembros de la comunicación del país  se exhiben en las vitrinas del mercado de compra y venta al mejor postor, al partido que les reporte mayor beneficio personal, convirtiéndose así en títeres mediáticos.

El pueblo, sabio por naturaleza, ha  entendido que no se puede creer ciegamente en todo lo que se publica, ni tampoco en lo que escucha, sobre todo, aquella generación que vivió la Era de Trujillo, época cuando la manipulación periodística era más que evidente y hasta indispensable para un régimen dictatorial  que lógicamente no daba paso a la llamada y siempre dudosa libertad de prensa.

El tiempo de los periodistas dignos pasó de moda.

Años atrás se creía que los únicos “payoleros” eran los periodistas de farándula, ahora están en todas las áreas  de la comunicación, donde el dinero corre como un río de grandes caudales.