DESDE LOS  TEJADOS
Tierra de sordos y ciegos

<STRONG>DESDE LOS  TEJADOS<BR></STRONG>Tierra de sordos y ciegos

Hay cristianos que, citando a Pablo de Tarso, proclaman con toda razón: “sólo la fe salva”. Con Dios no se negocia, ni hay que ganárselo. Basta creer, es decir, apoyarse en Él.

Otros cristianos, que valoran el actuar responsable, argumentan citando a Jesús: “no basta andar diciéndome: ¡Señor, Señor! Para entrar en el Reino de Dios; no, hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo” (Mateo 7, 21).

La parábola del sembrador parecería ofrecer argumentos a ambas posiciones. Por buena que sea la tierra, ¿crecería algo sin que el sembrador saliera a sembrar y sin la semilla? Jesús comienza la parábola de Mateo 13, 1-23, con la afirmación, “Salió el sembrador a sembrar”.

Pero el mejor de los sembradores y un puñado de semillas selectas no van a ningún lado si la tierra no la acoge y la hace suya. Todos los sembradores y las semillas del mundo no pueden sustituir la tierra, toda la tierra del universo no vale la vida encerrada en una semilla en la mano del sembrador.

Durante siglos, el cristianismo rompió lanzas en el pleito estéril entre la fe y las obras. El 31 de octubre del 1999, 128 iglesias de la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica firmaron en la Catedral de Wittenberg una Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación en la que se reconoce la validez del núcleo central de ambas tradiciones cristianas, según lo explicara el entonces cardenal Ratzinger.

Ahora cobra mayor importancia una parte descuidada de la parábola en Mateo 13, 1-23. Se trata de los ataques de Jesús contra su pueblo y su liderazgo: “duros de oídos, tienen ojos y no ven, y han cerrado sus mentes para no convertirse”.

Sólo un sordo no oye  la queja de la gente sin recursos para comprar lo necesario. Hay que estar ciego para no ver que la impunidad, la corrupción y el desorden irresponsable nos destruyen. Sólo una mente embotada llamaría paz a esta violenta antesala de la desesperación, la peor de las consejeras.