Descubren mundo submarino amenazado por actividad petrolera

Descubren mundo submarino amenazado por actividad petrolera

WASHINGTON  (EFE).- Científicos estadounidenses descubrieron un nuevo mundo marino en el mar Caribe que está amenazado por las actividades petroleras, dijo hoy “Conservation International” (CI), una organización de defensa del ambiente.

En un informe sobre una expedición de dos semanas realizada en enero pasado al atolón de Saba Bank, los científicos de CI y del Museo de Historia Natural de la Institución Smithsonian, dijeron haber confirmado la existencia de la más rica diversidad de vida marina de que se tenga registro en el Caribe.

El atolón, que es la cima de una enorme montaña submarina, se encuentra a unos 250 kilómetros al sudeste de Puerto Rico, en las islas holandesas de Barlovento.

En la expedición participaron 13 científicos, en una operación que se realizó con tres naves especialmente preparadas, las cuales contaron con la ayuda de pescadores de la zona.  En esa diversidad se confirmaron nuevas especies de peces, algas y otro tipo de vida marina de los que no existían antecedentes, señaló a EFE Michael Smith, director de la Iniciativa para la Biodiversidad del Caribe.

“Descubríamos nuevas especies literalmente cada día que estuvimos allí”, señaló el científico en una entrevista telefónica.

Según CI, el número total de especies de peces llegó a unas 200 en comparación con menos de 50 de las que se conocía antes de la expedición, que se realizó con fondos proporcionados por el Gobierno de Holanda.

Sin embargo, la riqueza de ese mundo submarino está bajo la amenaza de actividades petroleras que también han puesto en peligro la economía en pequeña escala de los habitantes de la región, señaló Smith.

El científico indicó que en la vecina isla de San Eustacio se realizan faenas de trasvase de petróleo a tanqueros de menor calado, debido a que los más grandes no pueden atracar en puertos de algunos países del Caribe.

“Los frágiles ecosistemas del atolón son adversamente afectados por esas tareas, por las anclas y por las cadenas de las naves”, manifestó.

 “La comunidad, de unas 1.500 personas, vive en la cercana isla de Saba, principalmente de la actividad que realiza en el atolón, y éste corre el peligro de ser destruido”, indicó.

Los enormes buques también son un peligro para las pequeñas embarcaciones y para los pescadores que se ven obligados a abandonar las zonas donde durante muchos años han llevado a cabo sus tareas, según los científicos.

 Smith manifestó que la vulnerabilidad que afecta a la zona, ha impulsado a la CI a pedir a la Organización Marítima Internacional que se declare al atolón “Area Marina Particularmente Delicada”, lo que la convertiría en una zona ambientalmente protegida.

“Habrá que demostrar que se trata de un lugar valioso, delicado, que contribuye al conocimiento humano”, indicó.