Desarrollo económico y medicina forense

Desarrollo económico y medicina forense

SERGIO SARITA VALDEZ
Puede que a un analista superficial y ligero le resulte sorprendente el encabezado del presente artículo. Quizás se cuestione la relación entre la salud financiera de un país y su sistema de práctica medico-forense. Sin embargo, si nos detenemos a examinar los distintos agentes que participan en el tinglado del aparato productivo dominicano notaremos que hace ya más de un decenio que las divisas fuertes de la nación provienen principalmente de ingresos a través del turismo, las zonas francas y las remesas enviadas por criollos residentes en el exterior.

En un puntual ensayo crítico del presente y futuro inmediato económico dominicano, titulado Volver a crecer, su autor, el licenciado José Luis De Ramón, nos recuerda que en el 2002 las entradas monetarias por servicios viajeros correspondió a un 30.8% del total de divisas, en tanto que a través de las exportaciones de zonas francas obtuvimos un 17%, mientras que las remesas familiares nos agregaron monedas extranjeras en cerca de un 20%. Las exportaciones nacionales en conjunto solamente contribuyeron con un 8.5%. Juntos, turismo y zonas francas, arrojaron un ingreso de US $10,000.00 (diez mil millones de dólares).

Para que un potencial visitante europeo, norteamericano o canadiense se decida por venir con su familia a la República Dominicana, a disfrutar su período anual de vacaciones, lo primero que hace es informarse acerca de las condiciones de seguridad, higiene, playas, sitios históricos, entretenimientos, comidas y precios que ofrece nuestro territorio. Si no se les puede vender un lugar confiable y libre de amenazas potencialmente mortales, entonces elegirá otro punto geográfico, en donde posar en el cual no peligre su vida ni la de los suyos. Si se entera de que aquí tenemos una alta incidencia de asaltos, estupros, agresiones, accidentes y homicidios se alejará de nuestras costas como el demonio de la cruz.

Siempre y cuando el delincuente, psicópata sexual, pervertido o asesino, perciba que es capaz de llevar a cabo sus fechorías sin que el brazo de los organismos estatales responsables de mantener el orden, la paz y la seguridad le echen mano, o que aún atrapándole las autoridades judiciales no puedan condenarle por falta de pruebas, entonces ese criminal queda impune, hecho éste que refuerza su conducta antisocial. Ello a su vez, sirve como ejemplo para que otros potenciales criminales se estimulen a realizar tales modalidades de delito. Se forman asociaciones de malhechores, bandas o gangas que azotan los lugares por donde caminan los turistas, mujeres, ancianos, e individuos con prendas, dinero o cualquier tipo de bien material de valor.

Los agresores sexuales y los homicidas pueden ser identificados si sus victimas son examinadas y estudiadas con todo el rigor científico que las circunstancias demanden. Para ello debe contarse primero con un personal técnico calificado, herramientas de trabajo modernas, laboratorios de DNA y de toxicología de última generación. A los cadáveres se les debe manejar correctamente desde la escena del crimen hasta culminar con la realización de una autopsia medico-legal, logrando de esa forma un experticio medico-forense completo.

Al delincuente hay que enseñarle con hechos concretos, que no importa como maltrate a su victima, ni donde se esconda, ni cuanto tiempo tarde en encontrarse el cuerpo de delito, ya que siempre será posible recobrar las evidencias que le incriminen en el caso. Si además, estos hallazgos se documentan, y luego se incorporan al expediente acusatorio, entonces ese antisocial lo pensará varias veces antes de lanzarse a una nueva aventura criminal. Sabrá de antemano que su infamia será descubierta, que se probará su participación en el acto violento y que finalmente caerá sobre sus hombros todo el peso de la ley.

Una práctica medico-forense moderna y eficiente constituye una gran muralla contra los actores del crimen. Ella contribuye a generar un ambiente de paz, sosiego y seguridad nacional. Estos son elementos que refuerzan la confianza necesaria para que cada día lleguen a nuestro país más inversionistas extranjeros, turistas y dominicanos ausentes que llevan años en el exterior y ansían regresar al suelo que los vio nacer, para instalar negocios y nuevas empresas. Es una forma de ayudar a crear fuentes de empleo de las que un gran número de familias pueden beneficiarse.