Dengue

Dengue

La lucha contra el dengue, en estos momentos, es una lucha de todos. No se puede, ahora, perder el tiempo buscando responsables por el mal que nos azota. A lo mejor todos somos responsables, unos por comisión, otros por omisión.

El momento lo que exige es acción contra la enfermedad.

Y acción contra los factores que lo generan.

Clínicas y hospitales tienen que enfrentarse a la terrible enfermedad que ya ha provocado muertes.

Salud Pública y todos los organismos oficiales y privados vinculados a ese departamento, tienen que colaborar con la fumigación masiva que extermine al mosquito transmisor.

Hay que limpiar la ciudad, limpiarla en todos los órdenes. No es posible tolerar la acumulación de montañas de desperdicios y de aguas negras en calles y avenidas.

Tampoco debe tolerarse, sin la sanción de lugar, que desaprensivos lancen desperdicios a las calles, que montañas de gomas inservibles se acumulen en vías públicas.

Es necesario que la ciudadanía preste sus servicios en labores de limpieza.

Es penoso admitirlo, pero es mucha la gente que, por falta de higiene, se convierte en protector del vector del terrible dengue.

Y quiera Dios que esta sea la última vez que se busque un candado para usarlo después que nos roben.

Eduardo León A.

La muerte del señor Eduardo León Asencio constituye una pérdida sensible para la sociedad dominicana en general y para la de Santiago en particular.

León Asencio, quien falleció ayer en Santiago, a los 86 años de edad, era el mayor de los miembros de una prominente familia cibaeña, empeñada en el desarrollo constante de su comunidad.

Junto a sus hermanos Fernando, Guillermo y José, Eduardo fue un líder empresarial de un entusiasmo inigualable. Eduardo capitaneó el desarrollo de la industria tabaquera heredada de sus progenitores y recuperada la libertad en todos los órdenes en el país dirigió la entrada de la empresa en la producción de cigarrillos. En pocos años y en alianza con un poderoso consorcio norteamericano, León Jimenes se convirtió en líder de la industria cigarrillera. Eduardo condujo las operaciones para la adquisición de la Cervecería Nacional y estuvo presente en cuantos esfuerzos hizo el grupo para expandirse.

Muy joven fue subsecretario de Industria y hace unos años desempeñó las funciones de embajador en Washington.

Fue uno de los arquitectos en el diseño de la política cultural y deportiva del grupo empresarial, campos que se han beneficiado siempre del espíritu progresista de los hermanos León Asencio.

En Eduardo se destacaba sobremanera su fina educación, su temperamento jovial y alegre y su deseo de que su país progresara constantemente. Y amó su Santiago natal a tiempo completo.

Paz a los restos de este gran dominicano y nuestro más sentido pésame a sus familiares, especialmente a sus hermanos Fernando, Guillermo y José y a sus hermanas María Rosa, Carmen, Clara y demás familiares.