Del frente patriótico a la alianza rosada

Del frente patriótico a la alianza rosada

ROSARIO ESPINAL
Entre 1966 y 1986, predominó en la República Dominicana el bipartidismo con una polarización de preferencias políticasentre el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Reformista, luego Social Cristiano (PRSC). Desde su fundación a principios de los años 60, Joaquín Balaguer le imprimió al Partido Reformista un perfil conservador-clientelista.

Fue un instrumento importante en su proyecto político, mediante el cual articuló el apoyo de diversos sectores sociales, con peso rural, apegados a nociones de orden y estabilidad que el fin de la dictadura de Trujillo había trastocado.

La conformación socio-política del balaguerismo se sostuvo incluso después del gobierno de los 12 años. Por ejemplo, en las elecciones de 1978, el Partido Reformista obtuvo 54% de los votos en los municipios con mayor población rural y sólo 29% en los de mayor población urbana. En 1982, un 44% en los más rurales y 22% en los más urbanos.

El PRD, por el contrario, forjó un perfil democrático- popular y contó con amplio apoyo en zonas urbanas.

Desarrolló un aparato partidario de fuerte liderazgo en distintos estamentos sociales y geográficos del país.

A diferencia del Partido Reformista que contó con el liderazgo único de Balaguer, el PRD tuvo varios líderes nacionales como Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco que ocuparon la presidencia, mientras José Francisco Peña Gómez le imprimió sentido de misión al partido.

La crisis económica y política que sacudió el PRD a mediados de los años 80 facilitó el ascenso electoral del entonces minoritario Partido de la Liberación Dominicana (PLD), liderado por Juan Bosch, también contrario a Balaguer. Se

mantuvo así la confrontación entre el balaguerismo y el anti- balaguerismo. En 1990, los votos fluyeron del PRD al PLD y en 1994 volvieron al PRD.

Este ciclo histórico de polarización electoral entre el balaguerismo y el anti-balaguerismo que se inició a mediados de los años 60, comenzó a cerrarse en 1996 con la formación del Frente Patriótico PLD-PRSC, que promovió Balaguer para impedir el triunfo de Peña Gómez.

En el plano ideológico-electoral, el Frente Patriótico tuvo dos efectos importantes: movió el PLD hacia el polo conservador, de lo cual no se ha despojado a pesar de sus

raíces en la crítica social boschista, y compactó de nuevo en el PRD el bloque anti-balaguerista. Esto es fundamental para comprender los triunfos electorales del PRD en 1998 y 2000.

Ante el vacío de liderazgo que dejó la muerte de Peña Gómez, Hipólito Mejía buscó imponer el suyo con jocosidad y clientelismo. Atrapó a casi todos los líderes del PRD que sucumbieron incluso ante el costoso proyecto reeleccionista, que frustró no sólo las aspiraciones continuistas de Mejía, sino también el liderazgo que otros perredeístas habían forjado en años de lucha.

El desplome electoral del PRD en el 2004 no ha concluido.

La inestabilidad y el desasosiego que generó su último gobierno persisten en la memoria de amplios segmentos de la población como revelan las encuestas. Por esta razón, el PRD ha decidido pactar una alianza con el PRSC.

El PRD le ha cedido a los reformistas las posiciones donde los perredeístas perderían o los reformistas tienen mayores posibilidades de ganar. Lo ha hecho para minimizar

anticipadamente las pérdidas, aparecer victorioso cuando se cuenten los candidatos electos de la alianza y disminuir las posibilidades de triunfos del PLD.

El PRSC, por su parte, muy disminuido electoralmente en el 2004, espera aumentar su representación con apoyo perredeísta.

Quizás los resultados electorales coincidan con los cálculos de los gestores de la Alianza Rosada. Mayo dirá. Pero al margen de los resultados, la alianza abre tres problemas con interrogantes en la política dominicana.

Primero, al crearse una polarización electoral entre  oposicionistas y oficialistas se pospone indefinidamente la reestructuración del PRD y el PRSC y se agudiza la crisis interna del reformismo, posiblemente de manera irreversible.

Segundo, se acelera la desarticulación del voto balaguerista, que no necesariamente es del PRSC, pero constituyó el grueso de su apoyo electoral. La alianza aleja del PRSC el voto balaguerista anti-perredeísta.

Tercero, la alianza no sólo libera al PLD del pecado de haber pactado con Balaguer en 1996, sino que borra completamente la distinción entre lo conservador y lo progresista que por 40 años se encarnó en la confrontación entre el balaguerismo y el anti-balaguerismo.

Actualmente, el PRSC se resquebraja sin un liderazgo de relevancia que articule las fuerzas del conservadurismo balaguerista. El PRD y PLD, por su parte, abandonaron el

espacio progresista porque, a pesar de sus estilos diferentes de gobernar, han reducido la política a un craso pragmatismo para ascender y mantenerse en el poder y gobiernan sin referentes programáticos que mejoren y fortalezcan la democracia dominicana.

Desprovistos de proyectos que articulen con solidezafinidades políticas, estos partidos se limitan a ofrecer pasatiempos electorales y un persistente clientelismo enclavado en corrupción.