Dejen algo para el futuro, por si acaso

Dejen algo para el futuro, por si acaso

Parece admirable la tenacidad con que el presidente Hipólito Mejía recorre el país de punta a punta, sin pausa ni reposo, levantando cada piedra en busca de votos para su proyecto continuista, en las condiciones más adversas que algún gobernante haya pretendido la reelección en el país y tal vez en toda América Latina.

Viendo los resultados de esa búsqueda a dos semanas de la elección presidencial, cualquiera tiene la tentación de pensar que tal tenacidad es digna de mejor causa, por ejemplo la de acopiar las energías nacionales para ponerlas al servicio de la superación de la crisis financiera que tanto ha reducido la calidad de vida de la población.

Pero en vez de eso, lo que se siente en los ambientes gubernamentales es la decisión de invertir importantes recursos en los días finales de esta desazonada campaña electoral, tratando de inducir el milagro que invierta las preferencias que han revelado casi todas encuestas reconocidas.

Ahí está por ejemplo el malhadado proyecto de adquisición de hasta 300 mil motocicletas, financiadas desde luego por el erario público, para incentivar esa absurda como original modalidad del transporte «colectivo» que es el motoconcho, que deja cada año más de un millar de muertos y miles de personas con lesiones y mutilaciones.

Parece increíble que el gobierno pueda embarcarse en la adquisición de siquiera algunos miles de esos vehículos, pero se engaña a la masa hambrienta, hasta el descaro de que uno de los promotores proclamara que ese «plan de renovación del transporte público» sólo será materializado si el presidente Mejía resulta reelecto.

En otras palabras, que se trata de una miserable compra de votos, con dineros públicos, a la vista de toda la sociedad, con olímpico rechazo de las expectativas de transparencia y limpieza en las luchas democráticas que anidan en segmentos significativos de la nación. Y, lo peor, con chantaje a los supuestos beneficiarios.

Despierta muchas incertidumbres la forma en que el perredeismo oficial ha abandonado los principios y las prácticas de decencia política que defendió durante décadas, la manera tan rotunda como se han ido abrazando al pragmatismo político que pretende poderlo y justificarlo todo. Hasta el crimen, como proclamó hace 4 años el doctor Euclides Gutiérrez, cuando eran los peledeístas los devotos de ese altar.

Por eso el fantasma del fraude ronda en las cabezas de muchos dominicanos y ha llegado a anidar también en las de una parte de los representantes de la comunidad internacional, que preguntan casi a diario cuál es la carta que tienen escondida los estrategas del perredeismo. Y la respuesta es que han jugado al aventurerismo político. Porque ni este país ni el mundo de hoy aceptarían una imposición o un arrebato político.

Podrían sumir la nación en una crisis más profunda y devastadora, pero no lograrían hacer predominar un proyecto antidemocrático en las actuales circunstancias nacionales y regionales.

Entiendo y defiendo que el sistema electoral dominicano ha mejorado significativamente, que tiene suficientes garantías para que se produzca una elección democrática, tantas que ni queriendo es fácil retorcerlo para crear un huracán electoral. A menos que los partidos de oposición resulten un fiasco en los colegios de votación y centros de computación.

Creo en la seriedad de los jueces electorales que conozco y que están conscientes de que el sistema ya no es manipulable como para invertir los resultados de las urnas. La elección hay que ganársela en la población. Aunque pienso que, si tuvieran que interpretar una ley, algunos podrían inclinarse al oficialismo, no los creo capaces de apadrinar un fraude.

Tampoco la compra de cédulas puede ser significativa, ya que se expiden duplicados hasta el 14 de mayo y no es posible sólo el día 15 adquirir una cantidad que pueda ser significativa a la luz de lo que marcan las encuestas. A no ser que pongan una mesa de compra en cada colmado.

Creo que hay sobreestimación en muchos dirigentes perredeístas. Más que mala intención. Y hasta el final esperaré que respetarán el balance de la consulta democrática.

Es cierto que fueron infectados por el virus histórico del reeleccionismo, que a veces parece arrasarlo todo. Como eso de empujar a Milagros Ortiz Bosch y a la profesora Ivelisse Prats Ramírez para avergonzarlas haciendo campaña reeleccionista, después de todo lo vivido y sufrido.

Aún así, espero que no arrasen con todo, que dejen algo para el futuro, por si acaso.