Debe haber mucho que ganar al compartir el dolor en EE.UU.

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Debe haber mucho que ganar en compartir el dolor. ¿Qué se necesita para hacer que la democracia funcione en el mundo moderno? Eso es algo que muchos estadounidenses deben estar preguntándose tras las elecciones generales de $6 millardos.

Desde Platón en adelante, no ha habido escasez de ideas: una población educada, un estado de derecho y la sociedad civil, son todos ingredientes clave, y, por supuesto, un sistema confiable para contar los votos.

Pero, ¿otro ingrediente que también se requiere, es un crecimiento económico saludable? He estado ponderando esto desde que asistí a un debate en Oxford este mes con Peter Thiel, el empresario estadounidense que se volvió inversionista. En la década pasada, Thiel había creado compañías tales como Paypal e invirtió en Facebook. Como tal, él epitomiza la optimista cultura de Silicon Valley.

Sin embargo, en estos días Thiel, el empresario, está preocupado. Según lo que escribieron él y Garry Kasparov recientemente en Financial Times, él teme que la innovación estadounidense se esté ralentizando.

Seguro, él afirma, el país produjo gran cantidad de ideas innovadoras después de la Segunda Guerra Mundial; pero en los últimos 30 años esta creatividad se ha marchitado, minada por el boom financiero y la cultura de aversión de riesgo. “No se puede comparar el iPhone con Apolo V”, lamenta  Thiel. “La innovación ha disminuido”.

Pero nadie es tan pesimista. Durante el debate, el economista estadounidense Kenneth Rogoff respondió que fue la implosión de la burbuja de deuda, no la falta de innovación, que afectó el crecimiento de EEUU.

Y Mark Shuttleworth, otro empresario, predijo  tanta innovación como antes, si no más, ya que “hoy es un momento extraordinario para ser un científico, investigador, explorador, académico y empresario”.

No obstante, si Thiel incluso está la mitad de correcto, ¿qué implica esto para los políticos? Lo que lo preocupa es que un mundo sin innovación también será un lugar con un crecimiento dramáticamente más lento.

Y sin expansión, será mucho más difícil mantener la democracia funcionando, incluso en Estados Unidos. “La democracia funciona donde los votantes piensan que las cosas se están poniendo mejor”,  argumenta Thiel. “Es una pregunta abierta si usted puede tener una democracia en un mundo con crecimiento cero”.

¿Es esto cierto? A una parte de mí le encantaría decir que “no”. Después de todo, el punto general sobre la democracia es que se supone que sea capaz de tomar duras decisiones en tiempos duros.

Sin embargo, lo que encuentro fascinante del comentario de Thiel es lo que este puede revelar sobre la subyacente cultura política de Estados Unidos. Pues parece que la moderna retórica política estadounidense es adicta a la presunción de un crecimiento permanente.

El país fue fundado con el optimismo de que cualquier cosa se puede hacer, y ha tenido poco sentido de la limitación de recursos: Si no hubiera tierra en el este, usted se mueve hacia el oeste. Desde entonces se ha presumido que el pastel económico se expandirá, ya sea a través de conquista, espíritu empresarial, inmigración, o innovación.

Esta actitud contrasta con un país tan lleno de gente como Japón, donde hay una abrumadora sensación de limitación de recursos. Y precisamente porque el japonés percibe los recursos como finitos, ellos han desarrollado extensos mecanismos culturales para armoniosamente dividir su pastel económico.

En Estados Unidos, sin embargo, ha habido hasta ahora menos cultura imperativa para compartir recursos. Si el pastel siempre crecerá, no se necesita preocuparse sobre cómo dividirlo.

La mayoría de políticos estadounidenses continúan insistiendo en que su pastel económico se mantendrá creciendo: Habría sido un suicidio electoral mencionar la palabra “estancamiento” o “crecimiento de suma cero”.

Y yo de verdad espero que este optimismo estadounidense sea correcto. Teóricamente, una combinación de demografías favorables, celo empresarial y recursos energéticos, podrían ciertamente darle a EEUU una ventaja de crecimiento.

Pero, ¿y si los señores Thiel y Kasparov están en lo correcto sobre la desaceleración de la innovación? ¿Crearán tensiones en el sistema político durante los próximos años? Es un asunto preocupante, y por partida doble en una semana en que Washington está inmerso en otro ataque de debilitante parálisis de deuda.

EEUU debe compartir el dolor económico, en un país donde esas palabras todavía siguen siendo un tabú.

Las claves

1.   Democracia

¿Qué se necesita para hacer que la democracia funcione en el mundo moderno? Eso es algo que muchos estadounidenses deben estar preguntándose tras las elecciones generales de 6 millardos de dólares.

2.  Ingredientes claves

Desde Platón en adelante, no ha habido escasez de ideas: una población educada, un estado de derecho y la sociedad civil, son todos ingredientes clave, y, por supuesto, un sistema confiable para contar los votos.

Pequeños bancos  EE.UU. presionan para extender garantía

Stephen Foley

Nueva York              

Los bancos comunitarios están ejerciendo una presión de último minuto a fines de extender la garantía del gobierno de EEUU sobre las cuentas de depósitos, entre las preocupaciones de que cientos de billones de dólares podrían ser retirados en caso de que el esquema termine según lo programado para finales de año.

Los comerciantes de Wall Street están prediciendo que la expiración de la garantía podría impulsar las tasas de interés sobre la deuda del gobierno a corto plazo en descenso en el año nuevo, a medida que los tesoreros corporativos buscan alternativas que sirvan de refugio para el dinero.

Los grupos de presión y algunos ayudantes en el Capitolio están esperando adjuntar una extensión de la llamada “transacción de garantía de cuenta” para uno de los proyectos que está pasando por la sesión del Congreso saliente, tal vez como parte del “tirijala” sobre un acuerdo presupuestario que evita el abismo fiscal de reducciones de costos y aumentos de impuestos.

La Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) introdujo la garantía durante el apogeo de la crisis crediticia y el regulador actualmente presta como apoyo un extra de depósitos de $1.4 trillones mantenidos en cuentas bancarias que no generan intereses, en retorno por un honorario. Bajo circunstancias normales, el seguro de la FDIC cubre sólo depósitos por encima de los $250,000.

Los analistas de RBS calculan que entre los $400-$500 millardos, una mayoría del dinero que ha fluido en las cuentas desde que la garantía fue extendida por última vez en el 2010, podría fluir nuevamente en retroceso después del 31 de diciembre.

Los tesoreros corporativos es posible que pongan dinero en billetes de la tesorería, o más posible aún, en los fondos del mercado de dinero que a su vez invierten en valores del gobierno, dice Jim Lee, director de estrategia de derivados de tasa de interés de RBS en EEUU. Eso podría guiar a un constreñimiento en la deuda de corto vencimiento comúnmente usada como garantía entre las instituciones financieras.

“El doble golpe es que esta compra tendrá lugar a principios del año próximo al mismo tiempo que el final de la ‘Operación Twist’ de la Reserva Federal, dijo Lee. La Operación Twist es el programa de ventas de la Fed de la deuda gubernamental de corto vencimiento, la cual se está usando para financiar la compra de Tesorerías de largo vencimiento, en la esperanza de elevar la economía.

Los bancos comunitarios argumentan que ellos serán desproporcionadamente afectados por el término de la garantía, ya que los depositantes pueden referirse a sus más grandes rivales como “demasiado grandes para quebrar” y por tanto efectivamente operan con un tácito respaldo del contribuyente, aunque la garantía formal desaparezca. Los bancos más grandes también tienen opciones más diversas para financiar sus operaciones en comparación con los bancos comunitarios, los cuales dependen más fuertemente de los depósitos.

VERSIÓN AL ESPAÑOL DE ROSANNA CAPELLA