DEBATE
Tumbar o no la  Muralla de la Fortaleza

<STRONG>DEBATE<BR></STRONG>Tumbar o no la  Muralla de la Fortaleza

La Muralla. El muro de hormigón armado que desde hace siete décadas ocupa más de 300 metros del perímetro sureste de la Ciudad Colonial, lo observamos  en su magnitud a partir de la adecuación y apertura de la avenida del Puerto hoy Francisco A. Caamaño en 1991.  Ha sido llamado muralla de Trujillo o muralla de 1937 (preferimos esta última denominación) y fue construido al finalizar la ampliación de las instalaciones del viejo puerto de Santo Domingo en la desembocadura del Ozama, trabajos contratados en 1935 al ingeniero puertorriqueño Félix Benítez Rexach. 

La muralla obstaculiza las visuales hacia la Ciudad Colonial, tanto para el que la observa desde el Ozama, como para el que lo hace circulando por la avenida Francisco A. Caamaño.  Sobreprotege la Ciudad Colonial y hace también, por tramos, de muro de contención de terrenos adyacentes.

La polémica.  No es reciente la polémica en torno a su demolición,  ya que en 2005 el Comité Dominicano del ICOMOS,  junto a la Secretaría de Estado de Obras Públicas y Comunicaciones, organizaron una jornada de discusiones sobre este tema sin llegar a ninguna conclusión.

Durante años hay quienes entienden que la muralla debe conservarse porque forma parte de la historia de la ciudad de Santo Domingo, mientras que  otros, como el prestigioso intelectual Bernardo Vega, opinan debe ser demolida. Ambas posturas se sustentan en argumentos de peso, en muchos casos defendidos con pasión. Sin embargo, tal como ha afirmado el Ministro de Cultura, licenciado José Rafael Lantigua, a quienes nos corresponde analizar y evaluar el tema desde un punto de vista institucional, debemos considerar objetivamente todas las opiniones, a favor o en contra.

Consideraciones. Entendemos debe agotarse una amplia consulta y ponderar los costos de demolición (tiene unos 350 metros de longitud, 12 metros de altura, 74 contrafuertes, 15 garitas y paso de ronda), así como los de adecuación y protección del espacio residual que quedaría expuesto al eliminar la muralla para evitar su posible arrabalización.  En este sentido cabe recordar que en la actualidad la ciudad tiene importantes espacios públicos cerrados, esperando los fondos para su rehabilitación.

Mientras, podríamos definir nuevos usos como sería el aprovechamiento del paso de ronda de la muralla o el disfrute de una especie de bosque que se ha generado naturalmente a la sombra de ella (entre la batería baja de la Fortaleza de Santo Domingo hasta las actuales oficinas de la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático), el cual fue definido “como un hábitat muy particular, quizás único en el país”, por la ya fallecida investigadora de origen polaco,  Sophie Jacouska,   extraordinaria profesional enamorada de nuestro país y su Ciudad Colonial, en donde residió por mucho tiempo. Este espacio debe ser objeto de estudio,  por lo que sugerimos también deben involucrarse al debate profesionales e instituciones del área de  Medio Ambiente.

Desde hace 20 años, gracias al esfuerzo de apasionados conservacionistas,  la Ciudad Colonial de Santo Domingo fue designada Patrimonio Cultural Mundial por la UNESCO y como obligación con ese organismo, nuestro país tiene el compromiso de consultar con el Centro de Patrimonio Mundial cualquier intervención de importancia a ejecutar dentro de su  perímetro o en su entorno (zona de amortiguamiento).  Si el consenso fuese demoler,  tendríamos que esperar la evaluación y opinión de sus técnicos y organismos consultivos.

Por otra parte debemos estar conscientes de que la Ciudad Colonial tiene muchas urgencias que enfrentar cada día;  este  tema podría mantenerse durante mucho tiempo como tema de discusión.  Mientras,  la muralla es un resguardo y a futuro ya podremos decidir.

Reiteramos el llamado del Ministerio de Cultura y de la Dirección Nacional de Patrimonio Monumental a los historiadores, arquitectos, conservadores, urbanistas,  paisajistas, a todos los que con celo nos preocupamos por nuestra histórica Ciudad Colonial, a contribuir con sus ideas y opiniones en torno  a este tema que nuestro historiador Bernardo Vega ha vuelto a poner en el debate público.

Aprovechamos la oportunidad para llamar la atención sobre otro  muro cuya demolición  entendemos prioritario decidir,  ya que divide dos sectores de la Ciudad Colonial; nos referimos al muro de la calle Colón, popularmente denominado como “muro de la vergüenza”. Su eliminación favorecería el proceso de revitalización del valioso barrio de Santa Bárbara, así como su integración al  resto del centro histórico.