De las críticas a la PN, la DNCD y la justicia

De las críticas a la PN, la DNCD y la justicia

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
En estos días han llovido las críticas contra la Policía Nacional, contra la Dirección Nacional de Control de Drogas y contra la judicatura. Es evidente que buena parte de los ciudadanos y ciudadanas no se sienten conforme con las actuaciones de estas tres importantes instituciones. Por doquiera se escucha que los miembros de la Policía hacen poco para contener la ocurrencia de crímenes y de actos delincuenciales. Otras voces, cada vez más frecuentes, señalan a los agentes del orden involucrados en la comisión de delitos como una prueba de la connivencia de varios de sus agentes con el crimen y las cosas mal hechas.

Las reservas sobre la Dirección Nacional de Control de Drogas son viejas pero se escuchan con más frecuencia en las últimas semanas. En Santiago, en Bonao, en San Francisco de Macorís, en Barahona y en los barrios populares del Distrito Nacional se habla abiertamente sobre una protección, supuesta o real, que agentes de drogas brindan a personas dedicadas a la compra y venta de estupefacientes.

Estas reservas no proceden sólo de los ciudadanos y ciudadanas corrientes y comunes. Funcionarios de alta jerarquía han dejado saber públicamente sus críticas y observaciones, tal y como lo hacen frecuentemente sobre la Policía Nacional.

Las críticas no se quedan en el ámbito de la Policía y la Dirección Nacional de Control de Drogas, sino que se extienden hasta la judicatura. Se critica de manera particular la normativa del nuevo Código Procesal Penal, porque se considera que es muy unilateral, que se concentra, junto con sus ideólogos, a garantizar los derechos de quienes violentan la ley.

Los reparos alcanzan a los tribunales de la nueva justicia, porque es una justicia cara y distante de los ciudadanos y ciudadanas.

Importa saber qué hacen los funcionarios y miembros de las instituciones criticadas con estas observaciones. Todos aceptamos como una afirmación válida que las críticas son positivas, enriquecedoras y que contribuyen a la mejoría de lo que se critica. Sin embargo, la realidad es que pocas personas son receptivas a las reservas, censuras, críticas y reparos. La reacción más común es rechazar, casi siempre de plano, las críticas que se nos hacen.

Aconsejamos a los principales directivos de la Policía Nacional, de la Dirección Nacional de Control de Drogas y de la judicatura nacional, sin embargo, a no echar estas críticas en saco roto, que no las vean con desdén, que no desprecien a los críticos o traten de descalificarlos o de desacreditarlos. Que tampoco asuman una postura de víctimas y comiencen a plantear, como ya se advierte en algunas insinuaciones retóricas, que hay una conspiración contra personas o instituciones determinadas.

Escuchen, por el contrario, estas críticas y tomen notas. Ocúpense en entender lo que la gente censura, lo que los ciudadanos y ciudadanas están reprochando, sus quejas.

Una vez hecho este ejercicio, entonces hay un paso necesario: recuerden que el pueblo suele equivocarse poco porque tiene mil ojos para ver y mil oídos para escuchar. Actúen, adopten medidas, corrijan, enmienden, sancionen, vigilen, fiscalicen y mejoren sus dispositivos de control.

 

bavegado@yahoo.com