De cómo Haití maltrata a Dominicana

De cómo Haití maltrata a Dominicana

FABIO R. HERRERA-MIÑINO
Con el temor a que la opinión pública internacional nos remache la acusación de racista, que a nivel mundial tiene el país frente a sus vecinos haitianos, éstos han sabido aprovecharse de ese temor para hacer del país una marioneta que se maneja de acuerdo a los intereses de ellos.

En todos los foros internacionales, y en los medios de divulgación de la opinión, el país ya tiene la etiqueta de que pese a ser un país mestizo y de una amplia gama de mezcla de razas, en contra de los haitianos, hay una animadversión ancestral. En base a esa bandera, nos arrinconan y nos llevan a ser sumisos a los designios, que en algún momento dado puedan tener para pisotear aún más a los dominicanos, como sería eliminar la frontera.

La habilidad haitiana choca de frente a la incapacidad y miedo de los dominicanos, que se ha puesto de manifiesto en estos días con el asunto de la fiebre aviar que supuestamente afecta a la población avícola dominicana, que de inmediato llevó a los haitianos a prohibir el trasiego de pollos y huevos a su territorio, cuyo suministro constituye más de un 15% del consumo total occidental.

Un país con menos recursos sanitarios que los locales, y que ha recurrido a la invasión pacífica de los hospitales dominicanos, donde cientos de sus ciudadanos acuden diariamente a buscar la salud, que no se le proporciona en su territorio, surge con métodos mejores que el de los laboratorios locales para determinar que aquí existe la fiebre aviar, y de inmediato imponen la prohibición del trasiego terrestre de pollos y huevos, pese a que Puerto Rico ya quitó la prohibición y los dominicanos continúan consumiendo con normalidad los derivados del pollo.

Pero los haitianos prefieren darle largas al asunto para pescar en mar revuelto, como ha sido lo clásico de ellos en los negocios bilaterales. Es su clásica jugada del chantaje solapado, que al final de cuentas se resuelven con generosas dádivas para los funcionarios occidentales, que tan corrientes eran en décadas pasadas cuando el CEA negociaba la contratación de los braceros haitianos para la zafra azucarera y los negociadores dominicanos tenían que ir con un maletín lleno de dólares para convencer a los funcionarios vecinos, que siempre buscaban la mil y una excusa para alargar las conversaciones, hasta que obtenían un buen aporte en metálico.

No cabe duda que con el asunto de la gripe aviar están utilizando sus acostumbradas tácticas dilatorias para que el país se atemorice, y como aquí no hay funcionarios capaces de conversar firmemente de frente a los haitianos, éstos esperan el momento de las ofertas para plantear sus exigencias que deben ir acompañadas de un generoso flujo de dinero. Además, los haitianos se aprovechan de que los funcionarios dominicanos solo están pensando en reelección y todas sus energías están encauzadas hacia esos fines, descuidando otras responsabilidades oficiales.

No hay dudas que Haití juega con la desesperación de los granjeros criollos, que presionan a las autoridades para que resuelvan el impasse, y más si ya se ha comprobado que no existe tal epidemia. Por eso, en lugar de desesperarse y acceder a los reclamos haitianos, lo que debe hacerse es esperar, ya que los haitianos no pueden resistir por mucho tiempo la carencia de su carne favorita y barata. Así el gobierno haitiano accedería a abrir un mercado que no debió cerrarse, sino por conveniencias de algunos sectores oficiales del vecino país, que buscan la oportunidad de humillarnos y resaltar el racismo dominicano en contra de los pobres y sufridos vecinos occidentales.

Son tantos los golpes, ya sea directos o indirectos, que los gobiernos haitianos le infligen al país, que han sido pocas las ocasiones, desde la desaparición de la dictadura de Trujillo, que la diplomacia dominicana ha superado a la haitiana, ya que desde hace 47 años siempre aparecen los temores que nos maniatan e impide enfrentar las siniestras afirmaciones occidentales, donde su máximo objetivo es eliminar la frontera e influenciar para que se cancelen las operaciones del CESFRONT y que se vuelva al status anterior de mucha permisividad, trasiego de dinero y enriquecimiento de funcionarios de ambos lados de la frontera. Ya perdimos una vez más de cuatro mil kilómetros cuadrados del territorio; por tanto el país debe sacudirse de sus temores y pasividad ante Haití para que en un tiempo no muy lejano hayamos perdido los 48 mil kilómetros cuadrados.

El pretexto de la prohibición de que los huevos y pollos crucen para Haití es más bien un balón de ensayo clásico de los vecinos para ver hasta dónde llega la inteligencia, responsabilidad y potencia colgante de los dominicanos para hablar de frente a frente a ellos, que actúan ladinamente al darse cuenta de las incapacidades y miedos criollos.