De clase media a pobreza

De clase media a pobreza

En junio pasado, en Punta Cana, durante la cumbre del SICA, el Presidente Danilo Medina afirmó que de octubre de 2012 a abril de 2014 los niveles de pobreza habían declinado un 6% y que, en esa virtud, 528,061 dominicanos habían salido de la pobreza. El Banco Central y otras agencias oficiales también han sostenido la tesis de la disminución de la pobreza, un argumento que tiene entre sus contradictores más contundentes la realidad social del país y el Índice de Desarrollo Humano 2014.

El consenso de empresarios y Gobierno ante la necesidad de un aumento general de salarios y la declinación del empuje del sector industrial, entre otras causas por caída de la demanda local de bienes, constituyen un contundente indicador de aumento de la pobreza. Para rematar, el Índice de Desarrollo Humano 2014, del PNUD, afirma que en la República Dominicana la clase media disminuyó en casi cuatro puntos, debido al alza en pobreza y vulnerabilidad.

Sería importante saber qué signo, si negativo o positivo, le correspondería al balance entre la salida de la pobreza de un 6%, debido a políticas sociales, y la pérdida de cuatro puntos en la clase media debido al aumento de la pobreza y la vulnerabilidad. Es evidente que la realidad del país, con sus desplazamientos sociales, desempleo y crecimiento de la informalidad, demuele el argumento político de la bonanza.

REVELÓ EL PECADO, NO AL PECADOR

El ministro de Agricultura, Ángel Estévez, no ha hablado lo suficiente. Al afirmar que los permisos de importación de productos agropecuarios constituían una mafia y que uno de sus integrantes le ofreció un soborno de RD$50 millones para que le dejaran conservar autorizaciones por RD$300 millones que ya poseía, tiene que asumir el compromiso de seguir desmontando el tinglado para que actúen las instancias de competencia.

A un ministro no le sienta bien el papel de amagar y no dar. Si ha tenido el valor de empaquetar a importadores en una mafia que se lucraría con los permisos de importación, debe identificarlos y decir quién entre ellos habría intentado sobornarlo. Un ministro no puede poner en el fango todas las reputaciones que le pasen por el lado. Si ya ha hablado en abundancia para contar el pecado, que hable un poquitín más para identificar al pecador.