De circo y manicomio

De circo y manicomio

En la República Dominicana abundan los individuos de “difícil catalogación” psicológica. Sujetos raros, de conducta imprevisible, que saludan efusivamente o profieren sentencias hirientes contra personajes de la vida pública. En los restaurantes, rondan las mesas; en cada una dejan algún mensaje estrafalario. Quienes no conocen los tipos “saludantes y declarantes”, preguntan asombrados: ¿Quién es? ¿Qué le pasa? ¿Ha bebido más de la cuenta? Los parroquianos asiduos del restaurante, los camareros, se encargan de aclarar: no se preocupen; él es así; siempre hace lo mismo los fines de semana; quiere ser gracioso; dárselas de enterado en asuntos de alta política.

Cuando el hombre se aleja de las mesas, algún amigo se aproxima y, a modo de explicación, afirma: “el pobre, no es completo”. En el lenguaje popular dominicano eso significa que la persona aludida no es “completamente cuerda”; pero tampoco es completamente loco. Vive en una zona psíquica intermedia, de la cual lograron averiguar muy poco Freud, Jung, Steckel y otros especialistas europeos de la conducta humana. En nuestro país es muy frecuente que esta clase de hombres “en tres y dos”, alcancen puestos importantes en los partidos, en el periodismo radial y televisivo. La gente se acostumbra a sus contorsiones, como si se tratara de un espectáculo de circo.

-¿Te has fijado en la forma de peinarse de fulano de tal? Se peina de atrás hacia adelante para que el pelo le cubra la frente y un ojo. Así él puede observar a los demás sin que adviertan que los está mirando.- ¿Crees, realmente, que ese peinado tenga la finalidad de ocultar alguna forma de espionaje? -Oh sí; él es informador del gobierno.

Es medio loco; pero también es un “vividor” de siete suelas. Se las arregla para trabajar lo menos posible.

Un amigo de muchos años, en un impulso emotivo de sinceridad, me haló un brazo para decirme al oído: Federico, tú no sabes que esta clase de tipos, que “no son completos”, resultan los mejores invitados en programas de radio y TV. Lanzan a la calle cualquier acusación política irresponsable. Líderes cuerdos usan los servicios de ayudantes que no lo son. Algunos oyentes “no los toman en serio”; lo declarado, empieza a circular.