De Alonzo Perry a Nelson Ned

De Alonzo Perry a Nelson Ned

Tengo un cuñado que apodamos Perucho. Cuando uno lo saluda con el apodo, de inmediato agrega: Formental, en recuerdo de aquel jugador de pelota cubano que  se destacó en altos niveles del béisbol.

Perucho es seibano, muy trabajador y, por añadidura, chistoso.

Vino a vivir con nosotros hacia el año 1952. Entonces no tenía familia a su cargo y nosotros nos encargamos de él. Su nombre: Pedro Morales Ubiera.

Si hubiera (era hubieres) que poner atención a la ortografía, su segundo apellido “debería “ser con  hache inicial: /H/ubiera, conjugación del verbo: /H/aber. Dos profesoras con quienes compartí docencia de español (1952-1956) en el liceo de varones Juan Pablo Duarte,  de esta ciudad (antes Presidente Trujillo), son también Ubiera. Una de ellas trabajó, además, en el departamento de Español de la Universidad del Estado. Han sido maestras calificadas de gran éxito. Sus apellidos: Ubiera Morla.

Cada vez que nos cruzábamos en los pasillos, yo les decía, como un murmullo o algo así, que ellas eran, en el centro docente donde trabajábamos, la única falta de ortografía admisible: /U//biera. Siempre sonreían. Compueblanas de mi cuñado,  tienen el mismo apellido, en diferentes posiciones de sus nombres completos.

Otro caso (aparente o por la similitud), es Hubieres con /h/ inicial y sufijo eres/aras al cierre. Hubieres es un conocido sindicalista del área de transporte. En el aspecto articulatorio nos coloca frente a la conjugación (verbal) en el orden de las variantes del singular de la conjugación compuesta: “Si hubieras cantado en el acto, habrías ganado un premio”.

El personaje, Morales Ubiera, fue un conocido bailarín en su pueblo, por las características de su personalidad y su entusiasmo y  su gracia  para  los bailes de palos en las fiestas de la Santa Cruz, entre fines de abril y la primera semana de mayo, siempre se llevaba el “trofeo” de bailarín excepcional.

He dicho: chistoso, repentista, ocurrente, empleado allá en su lar, todavía sabe tomarle el pelo al más bonito. Empleado de Rentas Internas en su terruño, y aquí hasta pensionarse.

Allí fue sustituido alrededor del 1952. No sé por qué.

Sin embargo, fue recolocado aquí, en razón de que en la dependencia de El Seibo se dio a conocer. El licenciado Ubrí García y el doctor Julio Ernesto Suncar Méndez, cada uno en su momento, tenían conocimiento suficiente acerca de Morales Ubiera.

Aunque era un simple mensajero, se desarrolló muy bien en su pueblo, donde aprendió las prácticas y funciones, los servicios y/o departamentos. Contaba ya con una dotación mensual de (RD$30.00). Había comenzado con (RD$20.00)  cada mes, sueldo mínimo de aquella época.

¿Cómo logró la maravilla de la recolocación en la capital? Perucho tuvo la habilidad de solicitarle a varios compañeros, superiores de él, que le enseñaran el dominio de cada área, y así se formó con aquel cargo y con aquel sueldito, sin que ninguno de los compañeros le negaran la enseñanza. Antes al contrario, pensaban que era él que estaba dando servicios.

Cierta vez asistimos a la boda de una pariente, en el ensanche Piantini. Los padres de la novia son  personas de muy buena posición. Aquello fue de lo más concurrido y brilló la abundancia en licores de toda clase, picadera, un enorme bizcocho…

Después de haberle dado la vuelta a medio salón, se nos acercó  Perucho para hacernos reír  con su última ocurrencia: “Yo no sé por qué se gastan tanto dinero para celebrar un matrimonio, si hay ocasiones que no llegan a los tres meses, y ya están con su “tiraijala”. Me gustaría mejor, cuando tenga hijos, hacer una fiesta al momento del divorcio…con todo lo que suela hacerse en el matrimonio, si se puede, y dejar constancia de la fiesta de la separación  o divorcio y liquidar esos festejos que ¿a dónde van a parar?

Para aquel entonces, Perucho obtuvo la recolocación del trabajo: Colecturía de rentas (internas) jurisdicción No. 2.

Para aquella época compartíamos muchas cosas con el cuñado.  Compartíamos béisbol, cines, giras campestres, río, playas de mar, piscinas; almuerzos, cumpleaños, bodas ¿por qué no?; visitas a familiares y amigos. En fin, días pletóricos de alegría y entretenimiento.

La Colecturía (No. 2)  fue colocada en la avenida San Martín.