Cuentas en rojo

<p>Cuentas en rojo</p>

Los partidos políticos, que constituyen uno de los principales soportes de la democracia nuestra, han tenido sus cuentas en rojo durante este año 2006 y eso, aunque parezca que carece de relevancia, debe ser motivo de alarma para todos.

La observación anterior no es exclusividad nuestra, sino que varios estudios han coincidido en hacer el señalamiento de que los partidos políticos, en este país y en muchos otros, no están desempeñando la función que les corresponde.

Ahora mismo, en nuestro país dos de los principales partidos están sumidos en dificultades internas y un tercero, en el poder, tendrá que reconfirmar su cohesión e integridad al término de las pujas internas de dos tendencias, una pro reeleccionista y otra que apuesta a la alternabilidad.

Desde luego, el resquebrajamiento de la cohesión de los partidos y el relajamiento de los principios que inspiraban sus luchas, su vigencia, ha dejado a los pueblos virtualmente desamparados y teniendo que «fabricar» sus propias opciones. El Cono Sur tiene abundantes ejemplos de esta situación.

Esa misma circunstancia ha modificado la mística y los valores de la militancia política, por influencia de los métodos de hacer política y acaparar votos mediante la compra de conciencia. Se ha suplantado el método de la postulación de principios por el de la degradación de la condición humana a términos de mercancía que se compra y se vende.

– II –

El balance de desempeño de nuestros partidos en el 2006 deja mucho que desear porque también se han degradado los requisitos que se requerían para asumir una candidatura o por lo menos aspirar a conquistarla.

Por ejemplo, en uno de nuestros grandes partidos se dio el caso de que candidaturas ganadas en buena lid, en convenciones internas como debe ser, fueron sustituidas de un plumazo para dar paso a una alianza estratégica que, finalmente, sucumbió por aplastante derrota.

Ya unos años antes, se había incurrido en la  grave falta de modificar la Constitución de la República para satisfacer intereses de una facción partidaria que, también, mordió el polvo de la derrota electoral.

El estilo de ejercicio político ha ido involucionando de manera deplorable y con ello la calidad de la democracia de los pueblos.

Los problemas sociales de los pueblos, que inspiraron luchas políticas importantes, han dejado de ser la motivación principal de los desgastados liderazgos políticos. Por esa razón, los partidos se suceden en los gobiernos, pero los problemas sociales de los países perduran y se agravan.

En nuestro país, el balance de calidad del ejercicio político tiene las cuentas en rojo, haciendo cada vez más vulnerable la democracia representativa.

Hay que aspirar a cambios sustanciales en  las conductas de los partidos y que sus líderes se inspiren en los problemas sociales para buscarles solución, y no como capital para tratar de escalar las posiciones públicas.