Criterios básicos para los acuerdos de la Cumbre

Criterios básicos para los acuerdos de la Cumbre

Como el dinero nunca alcanza, lo correcto es que, como se ha estado haciendo,  se cotice cada renglón de los acordados en los debates de la primera ronda de la Cumbre. Así ya se sabe de antemano qué cabe y qué no, en el Presupuesto Público, de este año y de futuros.

Sería conveniente que  una subcomisión conjunta de técnicos del sector público y el privado evalúe cada problema en base a criterios tales como: urgencia, importancia, valor estratégico y gobernabilidad.

Podría aplicarse una escala de 100 puntos, de 15 ítems de cinco puntos, derivados de los criterios enunciados, con peso relativo para cada criterio. Si la escala llega a  los 75 puntos, la subcomisión reservará los 25 puntos restantes para ser otorgados por  la comisión sectorial al problema en cuestión. Por aquello de que “nada sustituye el buen juicio”.

Debe valorarse el grado de urgencia y la importancia de cada asunto o problema. Diferenciar lo que es urgente porque los afectados o beneficiarios están desesperados, porque son muy belicosos o políticamente significativos, o porque se trata de la educación o la energía eléctrica, que no pueden esperar.

La importancia de un problema suele radicar en la cantidad de personas afectadas, su relación con la productividad o con la seguridad. Su carácter estratégico consiste en “la medida en que la solución del mismo viabiliza o conlleva a la solución de otros problemas, por ejemplo, cuánto aporta su solución a la paz social, al sistema institucional o a la gobernabilidad.

El gobierno no tiene toda la credibilidad que se necesita para  motorizar algunas acciones que implican un sacrificio colectivo. Pero no debe negarse que el equipo técnico de la Secretaría de Economía y Planificación que está a cargo de la facilitación del cónclave, se ha ganado la confianza de los participantes.

Una ganancia del proceso sería que el Gobierno se ponga de acuerdo consigo mismo en, por lo menos, el inventario de problemas atendibles, y se decida a actuar como equipo, y contra verdaderas islas de poder y  feudos inexpugnables que hay en  su seno.

Por lo demás, el ejercicio del debate civilizado suele ser muy saludable, siempre que los participantes entiendan que, en una crisis, hay que ir a dar, no a pedir, excepto cuando se trata de los más pobres, o de salvar áreas de indiscutible valor estratégico para la estabilidad económica o la gobernabilidad bien entendidas.