Costa Rica elige hoy presidente

Costa Rica elige hoy presidente

SAN JOSE,  (AFP) –  Dos millones y medio de costarricenses podrán acudir el domingo a las urnas para escoger a su nuevo presidente entre el Premio Nobel de la Paz Oscar Arias y el opositor Ottón Solís, férreo adversario de un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Los costarricenses votarán entre las 06H00 locales (12H00 GMT) y las 17H00 locales (23H00 GMT) para escoger además a los 57 diputados al Congreso unicameral y a las autoridades municipales de 81 cantones.

El presidente Abel Pacheco garantizó este sábado que las elecciones serán transparentes y se desarrollarán en paz.

“El día de mañana, en un clima de paz, estabilidad política y plena transparencia; los costarricenses tendremos la oportunidad de elegir a los gobernantes que conducirán el país a partir del 8 de mayo próximo”, dijo Pacheco durante un encuentro con un centenar de observadores internacionales.

Sin embargo,  La Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP) advirtió por su parte sobre el peligro de una “manipulación o hasta fraude mediático” en las elecciones. En un comunicado de prensa, ANEP, que agrupa empleados públicos, dijo que “en las últimas horas y en importantes sectores se anida una gran preocupación ante lo que podría ser algún intento de cierta prensa oligárquica para, aun sin cerrarse la urnas, ejercer manipulación o hasta fraude mediático”.

Según ANEP se trataría de indicar “a cierta hora del día (que) la votación estaría inclinándose hacia determinado candidato, especialmente favoreciendo a aspirantes presidenciales tutelados por el gran capital y el poder económico neoliberal”.

Catorce candidatos se disputan la presidencia de la más antigua y estable democracia de América Latina, pero sólo Arias, de 65 años, y Solís (de 51), tienen reales posibilidades de alzarse con la victoria, según los sondeos dados a conocer a principios de esta semana.

La campaña, que se inició en octubre, culminó el pasado jueves en medio de un ambiente de aparente indiferencia de la mayoría de los electores, que parecen cansados ante el incumplimiento de las promesas de los políticos y golpeados por los casos de corrupción que en 2004 llevaron a la cárcel a dos ex presidentes y obligaron al virtual exilio de un tercero.

Según las encuestas, Arias tenía hasta el 31 de enero un 42,6% de las preferencias, contra un 31,5% de Solís, por lo que la elección sería decidida por cerca de un millón de personas que aún no sabía por quién votará o si se quedará en casa.

Para ganar en primera vuelta se requiere el 40% de los votos válidos, de lo contrario se disputaría una segunda vuelta en abril entre los dos primeros candidatos.

Arias, quien gobernó Costa Rica entre 1986 y 1990 y obtuvo el Nobel de la Paz en 1987 por su aporte a la pacificación de Centroamérica, es postulado por el Partido Liberación Nacional (PLN), un partido socialdemócrata que giró a la derecha en los últimos años.

Por su parte, Solís, quien fue ministro de Planificación de Arias, representa al Partido Acción Ciudadana (PAC), un partido integrado por sectores de centro derecha y centro izquierda, que aboga por el fin del bipartidismo representado por el PLN y el oficialista Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

Tanto el PLN como el PUSC, que sufrirá un descalabro electoral según los sondeos, gobernaron Costa Rica en los últimos 50 años, pero se vieron diezmados por numerosas denuncias de corrupción y tráfico de influencias.

Solís fundó su partido en 2001 y dio una sorpresa en las elecciones generales de 2002, cuando obtuvo 14 de las 57 bancas del Congreso.

El líder opositor prometió una lucha frontal contra la corrupción y el clientelismo político, así como el rechazo del TLC firmado entre Centroamérica y Estados Unidos, el cual aún no ha sido ratificado por la Asamblea Legislativa costarricense.

Para los analistas, será el “voto silencioso” de los indecisos el que defina una extraña campaña, en la que estuvo ausente la alegría popular en las calles, las casas y vehículos adornados con distintivos partidarios y un ambiente de “fiesta electoral”, que siempre fue uno de las características de esta nación de cuatro millones de habitantes.