Coronavirus pone a prueba el frágil sistema financiero chino

Coronavirus pone a prueba el frágil sistema financiero chino

Narita (Japan), 08/03/2020.- Passengers from Seoul Inchon, South Korea, by Jeju Air 7C 1162, enter quarantine at Narita International Airport in Narita, Chiba Prefecture, Japan, 09 March 2020. Japanese Prime Minister Shinzo Abe announced on 05 March 2020 that Japan will impose a 14-day quarantine on people coming from China and South Korea to prevent the outbreak of coronavirus and COVID-19, starting 09 March 2020. This decision was announced just a couple of hours after the Japanese government announced the postponement of Chinese President Xi Jinping's official visit to Japan, originally scheduled this April. (Japón, Corea del Sur, Seúl) EFE/EPA/KIMIMASA MAYAMA

Sobre la puerta del Peking Garden, un elegante restaurante en el distrito financiero de Hong Kong, cuelga un letrero: “Aviso de cierre temporal… Nos han informado que uno de los miembros de nuestro personal está infectado con el nuevo coronavirus”. Las tiendas de lujo que rodean el restaurante están vacías; a muchos trabajadores que antes pasaban sus horas de almuerzo aquí se les ha dicho que trabajen desde casa por ahora.
Durante años, banqueros, inversores y abogados llegaban en masa a los centros financieros de Asia para formar parte de un boom motivado por el rápido desarrollo económico de China y la apertura de sus mercados financieros. Ahora, mientras las autoridades luchan por contener el brote de un nuevo virus mortal y restaurar la confianza del público, la incógnita de si China puede cumplir las esperanzas de aquellos que han atado sus fortunas a ella es más grande que nunca.

Los pesimistas dicen que la crisis podría ser un catalizador de un colapso largamente esperado de los sobreendeudados mercados financieros del país, un escenario extremo que los reguladores chinos han logrado evitar una y otra vez, incluso durante las crisis de deuda que experimentaron Estados Unidos y Europa en 2008 y 2012. Entre observadores y analistas de China, el coronavirus revive un debate más matizado acerca de si los forasteros han sobreestimado la fortaleza económica del país y la estabilidad política del gobernante Partido Comunista.

Para los profesionales de la inversión, las preocupaciones inmediatas son más mundanas: ¿qué significa para sus empleos, para las reuniones con clientes y las negociaciones? “Nadie quiere viajar a Hong Kong”, dice refiriéndose a los inversionistas internacionales Thomas Wong, exjefe de Investigación y Ventas para Hong Kong y China de Credit Suisse Group AG. Wong ahora dirige su propio fondo hedge con sede en Hong Kong, Optimas Capital. La compañía ha pedido a la mayoría de sus 23 empleados que trabajen desde casa.

Incluso antes de que el coronavirus comenzara a cobrar vidas, la economía china parecía estar sobre bases cada vez más inestables. Debido en parte a las tensiones comerciales con Estados Unidos, el producto interno bruto creció oficialmente 6.1% en 2019, una tasa que la mayoría de las naciones desarrolladas querrían, pero que en China reflejó el crecimiento más débil en casi tres décadas. Los impagos en el mercado interno de bonos, en otro tiempo raros, sumaron más de 150 el año pasado, superando el récord de 2018 y generando preocupación de que la búsqueda de crecimiento de China se haya logrado a costa de la estabilidad financiera. El año pasado, los reguladores tomaron el control de Baoshang Bank, la primera intervención de un banco en aproximadamente dos décadas.

Beijing ha adoptado medidas para controlar la juerga de préstamos corporativos, pero seguramente esos esfuerzos se interrumpirán mientras el país se centra en superar una epidemia que se ha cobrado la vida de más de mil 110 personas, según cifras oficiales. Las empresas han cerrado en un intento por contener la propagación del virus durante las vacaciones extendidas del Año Nuevo Lunar. En Hubei, el epicentro del brote y una provincia industrial clave, millones de personas permanecen recluidas en sus casas.

La pregunta que surge ahora es si los mercados seguirán confiando en la capacidad de las autoridades chinas para manejar los hilos del sistema financiero. Estas preocupaciones confluyen con las críticas al manejo gubernamental de la crisis del virus. “La controversia en torno a la respuesta y la gestión gubernamental habla directamente de un sistema de gobernanza que es eficiente en las medidas generalistas y draconianas ‘de arriba hacia abajo’, pero débil y frágil en lo que respecta a la prevención y a dejar que las personas asuman la responsabilidad”, dice George Magnus, economista de la Universidad de Oxford y autor del libro Red Flags: Why Xi’s China Is in Jeopardy. “Puedes detectar este dilema de gobernanza en la economía en su conjunto, incluida la gestión de la deuda, y ver cuán defectuoso es todo el sistema”.

En particular, la muerte de un médico reprendido por las autoridades locales después de denunciar el nuevo y misterioso virus provocó un estallido de ira sin precedentes en las redes sociales nacionales. Los ciudadanos chinos solían preguntarse si el gobierno podía mantener la prosperidad económica; ahora preguntan si puede mantenerlos a salvo.

La historia del médico Li Wenliang, quien murió a causa del virus, “demuestra cómo la opresión de la libertad de expresión puede dañar la economía”, apunta David Webb, un activista accionista radicado en Hong Kong y editor de Webb-site.com. Si las autoridades hubieran tomado al médico en serio, dice Webb, podrían haber sido capaces de contener antes el brote, “y China no hubiera sufrido semanas de pérdidas económicas”.

Anticipando un estímulo por parte de Beijing y la demanda acumulada de consumo e inversión, Optimas agregó a su cartera acciones de compañías de cemento, bienes raíces, tecnología y educación, detalla Thomas Wong.
Reducen tasas
El banco central ha reducido las tasas de préstamos y los bancos tienen la instrucción de ampliar los plazos de pagos. Pero las autoridades deben ser cautelosas. “Las condiciones financieras son más frágiles en términos de apalancamiento y crecimiento”, dice Dan Wang, analista. “China no necesita tanta infraestructura como antes y no quiere bajar demasiado las tasas”. Más flexibilización y estímulo podría conducir a más apalancamiento, un fenómeno que hasta hace poco Beijing buscaba limitar.