CONSULTORIO ECOLÓGICO

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Especialista en recursos naturales
P. Sr. Martínez, está muy bien lo del Año Internacional de los Bosques ¿pero qué harán las autoridades ambientales de nuestro país, se quedarán en la retórica de siempre o se pasará de las palabras a los hechos?

R.  No podría decirle con exactitud lo que estarían pensando las autoridades, pero como el optimismo da mejores resultados que el pesimismo, espero que los anuncios, proclamas y propuestas encontrarán terreno fértil donde plantar.Demasiadas montañas desnudas tenemos en todas las cuencas hidrográficas de nuestro país, esperando ser forestadas.

Un gran pensador y político norteamericano, al asumir la primera magistratura de  Estados Unidos, arengó a sus conciudadanos: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, si no, ¿qué puedes hacer tú por tu país?”.

El drama forestal dominicano que vivimos en las postrimerías del siglo XX, ha dejado exhaustas nuestras principales fuentes acuíferas y los ríos Yuna, los Yaques  y el Nizao, para solo mencionar las arterias fluviales más importantes del país, son ejemplos elocuentes de la lepra que le cayó a las masas forestales cordilleranas, principalmente a la Central, la “Madre de las Aguas”.

De ahí que nos parece oportuna la invitación que hizo el Ministro del Ambiente el día en que se proclamó oficialmente el inicio del “Año Internacional de los Bosques”, para que cada ciudadano dominicano, a lo largo de este año, comience a plantar el “bosque de su vida”. Claro, a lo mejor solamente se planten algunos arbolitos, pero si cada dominicano, por lo menos, el día de su cumpleaños, se propone iniciar el “bosque de su vida”, plantando árboles en cualquier rincón de patria, otra sería la cara de la naturaleza a la vuelta de algunos años. Estamos seguros de que éste sería el mejor ejemplo que le demos a nuestros hijos, enseñándoles a plantar como lo hemos hecho nosotros en su momento.

También oportuno es el anuncio del Ministerio Ambiente de la redirección de los proyectos de reforestación impulsados por el país durante los últimos 50 años, para que se ponga todo el énfasis posible a las plantaciones con especies forestales propias, nativas o endémicas, en lugar de los tradicionales pinos caribaea, acacias, leucaenas, eucaliptus y nim.  Ya las polomas no punen en “los yayales”, porque la Yaya ha desaparecido, como lo está haciendo el Caracolí, el Balatá, el Nisperillo, la Cola y tantos tesoros forestales amenazados. Es hora de salir al rescate.