CONSULTORIO DE FAMILIA

CONSULTORIO DE FAMILIA

Sicóloga, Terapeuta familiar
Pregunta de la lectora
: Estoy de duelo por la pérdida física de mi padre. La experiencia ha sido dolorosa y a 3 semanas de lo acontecido siento que  ha sido difícil y veo lejano recuperarme y hacer mi vida totalmente normal. Pido a Dios por mi madre que esta muy triste.  Trato de distraerme en mi trabajo pero no puedo evitar sentirme deprimida. En parte, tengo una ligera tranquilidad por el hecho de que mi madre se va por un tiempo a EE.UU. porque tiene 3 de mis hermanos residiendo en ese país con sus respectivas familias.

Respuesta de la terapeuta: El proceso de duelo es muy difícil, sobre todo si se trata de la pérdida de un ser amado.

La  relación familiar  construye y  erige símbolos y significados   validados  a través  del historial de intercambio afectivo y conductual,  bajo la premisa de la reciprocidad en el dar y recibir que encierra la lealtad meritoria.

Tres semanas es poco tiempo para  recuperarse del dolor. Durante este período  estarán reorganizando la estructura familiar y rituales.  Comienzan a aparecer otros modos de relación y significados, dando un nuevo sentido a la vida. Fíjese cómo ahora se centran en su madre, activando otros mecanismos protectores hacia el dolor, no tan solo al suyo, si no al de ella.

En este período se piensa mucho en la persona que ha fallecido, tratando  de mantener viva la imagen como mecanismo psicológico, como respuesta a la angustia de separación de lo amado. Evite luchar contra este sentimiento.

En tiempos actuales corremos el riesgo de querer evitar el dolor. Una de las patologías de la vida moderna es suprimir el dolor. El mandato es ser feliz. Existe una invitación a la pseudofelicidad.

Se cree que sentir duelo es patológico, cuando es normal que sintamos la ausencia del ser amado. Hay tiempo para llorar y tiempo para ser feliz.

La separación por fallecimiento puede ser angustiante cuando la persona ha sido muy significativa, por la base segura y de confianza que enlazaron los vínculos familiares.

Valore el sentido de la trascendencia humana y el legado familiar que usted puede seguir reproduciendo como mandato que pasa de una generación a otra y que representa un valor para la humanidad.

Grabe en su memoria y haga suya la experiencia  de que es mejor trascender en el dolor que agonizar en él.