Construyamos la convergencia económica

Construyamos la convergencia económica

LUIS MANUEL PIANTINI M
Las últimas manifestaciones de los principales actores de la vida pública de la Nación, señalan la necesidad de que se trabaje rápidamente en programas de concertación política y de convergencia económica si aspiramos a construir el desarrollo definitivo. Pero sobre el primer aspecto me referiré en un próximo artículo.

Durante las últimas semanas las declaraciones de los empresarios y del Presidente de la Republica y su equipo económico, han manifestado posiciones encontradas sobre importantes aspectos económicos y de preocupación sobre las negativas repercusiones sociales que originarían la aplicación de las medidas auspiciadas por la otra parte.

Desde su discurso pronunciado el pasado 27 de Febrero, el Señor Presidente ha señalado que la devaluación de la moneda nacional no es la vía adecuada para mejorar la competitividad de las empresas exportadoras nacionales por sus efectos nocivos sobre la inflación, constituyéndose esta en el peor de los impuestos, afectando con mayor intensidad a la población de menores ingresos y convirtiéndose en un elemento de inestabilidad social y política, fundamentando la competitividad en la creación de nuevos paradigmas sustentados en la educación y la tecnología.

Los empresarios por su parte señalan que la apreciación de la misma moneda ha detenido la actividad económica, ya que mientras la tasa de cambio en marzo del 2003 rondaba los $25 pesos por dólar y dos años despues se encuentra en los $28 pesos, el índice de precios al consumidor durante el mismo periodo se elevó de 145.24 a 246.06, perjudicando las operaciones de las empresas exportadoras, que son las que han generado la dinámica económica de las ultimas décadas y repercutiendo en un aumento del desempleo y por lo tanto en un deterioro de la calidad de vida de una parte de la población, ya que aquí todavía no ha madurado un sistema que proteja al desempleado, lo que también podría llevar a crear un ambiente de inestabilidad política y social.

¿Cual de estas dos posiciones es la correcta? Contradictoriamente las dos. La diferencia entre ambas es en término de su temporalidad.

En noviembre del año 2003 en uno de mis artículos sobre dolarización una de las justificaciones para abogar por este sistema cambiario, lo basaba en la necesidad de evitar que nuestra competitividad se sustentara en la devaluación, exportando salarios bajos y por su efecto nocivo sobre la reducción de la capacidad adquisitiva de una parte de la población, principalmente aquella que no dependía directamente de recibir ingresos en moneda extranjera. En aquel entonces señalaba que el nivel de la tasa en ese momento le permitía a los sectores exportadores una holgura por lo menos de dos años de ventaja competitiva en lo que se mejoraba su productividad por la vía de los costos, ya que solamente la dolarización sin las reformas complementarias, eliminaría y reduciría costos importantes que afectaban a la produccion de las empresas, incentivando la creación de nuevas.

O sea que fijar la tasa de cambio de manera definitiva al nivel de devaluación que existía en ese momento, le daba un margen de tiempo a las empresas para ir invirtiendo en la mejoría de sus sistemas gerenciales y productivos, hasta que el crecimiento de los precios y salarios eliminaran ese margen, teniendo que a partir de ese instante sustentar su competitividad en las mejoras productivas al extinguirse para siempre la causa (manejo indisciplinado de moneda propia) que originaba las devaluaciones.

En aquel entonces los que se oponían a la dolarización lo basaban entre otros elementos, en la rigidez que le imponía dicho sistema a un país, ya que estaría imposibilitado de manejar un sistema cambiario propio, utilizando la variación del valor de la moneda para amortiguar los efectos de un choque externo sobre la demanda interna o para mejorar en un momento determinado los niveles de competitividad de sus exportaciones. O sea, que un sistema de tasa flotante como el actual, no podía hacer la función de un sistema dolarizado o de tasa fija, pues perdería una de sus escasas ventajas que era la defensa de las exportaciones y produccion nacionales en un momento determinado y menos aun en medio del acelerado proceso de apertura de la economía dominicana.

Como vemos, la devaluación produce una mejoría de corto plazo en los niveles de competitividad de las empresas exportadoras que se pierde en pocos años. Mientras que la creación de nuevos paradigmas o modelos de exportación con la introducción de nuevos procesos tecnológicos y la búsqueda de nuevos nichos de mercado, son resultados positivos que maduran y mejoran la competitividad en el mediano y largo plazo. Por lo tanto las diferencias de los beneficios de ambas posiciones sobre las exportaciones de un país vienen dadas en términos de la temporalidad.

Mientras se desarrollan los nuevos paradigmas, el modelo existente en la actualidad antes de su sustitución y o complementación con otro, requiere de resultados positivos en sus flujos de cajas para poder mantener su operación y el nivel de empleo. Y estas son realidades financieras en un país donde no existe tampoco el crédito de mediano plazo ni un mercado de capital desarrollado para las empresas impulsar mejorías productivas.

Tampoco podemos pretender transferir hacia Haití un modelo sustentado en la abundancia de mano de obra y sustituirlo por uno de capital intensivo, cuando los indicadores sociales nos señalan que todavía este es un país que requiere del uso de tecnología que sea intensiva en mano de obra barata por su elevado nivel de desempleo y por su bajo nivel de escolaridad entre otros factores.

¿Que tipo de inversión sustituiría en el corto plazo el empleo desplazado por la industria textil y otras de exportación? la construcción pública? cuando hay fuerte constreñimiento en el gasto ¿empresas de servicios que requieren de un personal con buen conocimiento del ingles o de herramientas mas sofisticadas en el área de las computadoras? es posible adiestrar en seis meses, en un año, un personal desplazado con bajos niveles educativos? Que sectores absorberían a ese personal desplazado y a las decenas de miles que se agregan cada año al mercado laboral con las mismas caracteristicas educativas? Sustentaríamos la etapa de transición entre ambos modelos en ingresos de capitales externos que sustituyan ingresos de la cuenta corriente de la balanza de pagos? ¿No seria muy riesgoso sustentar la mejora competitiva en aumento de la productividad en el mediano plazo mediante el ingreso de capitales, mientras se deteriora el balance de la cuenta corriente?

Por otra parte, la otra cara muestra una moneda sobrevalorada que es resultado del éxito del programa de ajuste y que ha aumentado la confianza y mejorado la proyección del balance fiscal por el menor uso de pesos para el pago de la deuda externa, que es uno de los componentes más importantes del gasto público, en unos $8,000 a $11,000 mil millones de pesos (que no estan siendo utilizados para reducir el balance de la deuda consolidada del sector publico y así mejorar su solución), según lo han señalado funcionarios del área. Ademas ha compensado en los costos internos de los combustibles y eléctricos, y en el monto del subsidio fiscal, el aumento en los precios internacionales del petróleo y sus derivados, ayudando a la reducción de la tasa inflacionaria.

¿Como compensaría el Gobierno este nuevo regalo fiscal que no estaba proyectado en el programa con el FMI en caso de que se elimine la causa que lo origina? Estaría el empresariado dispuesto a la concertación de un pacto social que prohíba el aumento de precios si la tasa se desplazara hasta $35 pesos, cuando los precios de la mayoría de los productos estan fijados a una tasa superior a ese nivel? ¿Cómo se evita el aumento en el precio de los carburantes, fluido eléctrico y subsidios si se produjera este desplazamiento?

Para el sector empresarial la variación en la cotización de la moneda nacional a su nivel de competitividad reactivaría la economía en el corto plazo, mientras surgen los nuevos paradigmas, por el lado de la inversión y del consumo, ya que mejoraría las finanzas de las empresas y la capacidad de compra y la redistribución de ingreso, de uno de los rentistas(remesas, intereses y alquileres) mas afectados, que son los receptores de remesas, (US$2.7 mil millones entre doce meses y un promedio mensual de US$ 200 por cabeza de familia resulta en 1.35 millones de cabezas beneficiadas, sin agregar los dependientes).

Esta reactivación compensaría parcialmente al Gobierno en el corto plazo las perdidas de sus actuales excedentes, con mayores ingresos por el lado de los impuestos al consumo, a las importaciones y a las rentas de las personas y empresas por el aumento de los beneficios y del empleo, pero en lo que se incrementa el Gobierno comenzaría a ser afectado inmediatamente se produzca el desplazamiento cambiario. ¿El Gobierno estaría dispuesto sacrificar el ahorro logrado por la apreciación?

¿Concertarían un pacto en los próximos días el Gobierno y el empresariado nacional para a traves de un proceso de convergencia de sus diferencias prevalezca el espíritu de optimismo del presente y se construya el futuro de la Nación dominicana?

¿Este proceso incluiría un proyecto de reforma fiscal donde el empresariado le presente a la Nación lo que consideran que es una reforma integral y la estructura requerida para homogenizar la carga fiscal de las empresas a la de los países competidores del área y el desplazamiento del sector productivo interno hacia el régimen de las zonas francas, necesario para enfrentar desde ya los requerimientos de la OMC y no se repita nuestra dejadez reflejada en la no búsqueda de solución a tiempo para enfrentar los efectos negativos del acuerdo multifibra?

¿Estamos aplicando medidas correctas para una economía con una población que ha modificado las fuentes de sus ingresos y en vez de depender de los sueldos públicos y de la produccion interna es más dependiente de la economía de servicios y rentas externas y de los intereses domésticos? Estas fuentes no han sido sustancialmente afectadas en sus ingresos en moneda nacional y por eso se refleja en una caída de la capacidad de consumo? ¿Esta economía que hemos formado es la que se adapta a nuestras aspiraciones de desarrollo? Es posible prescindir de ella en el corto plazo?

Estas son interrogantes que deben de ser contestadas a la mayor brevedad posible por el bien de la Nación Dominicana a traves de la concertación de un programa económico de largo alcance entre el Gobierno, las demás fuerzas políticas y el empresariado nacional. Aprovechemos para lograr este propósito el espíritu de conciliación que debe de promover sobre esta Nación Dominicana la muerte de un Papa santo e infatigable trabajador por la Paz, que como Juan Pablo II, demostró durante su papado amar tanto a los hijos de esta tierra.