Consolidación y empleos

Consolidación y empleos

Durante la ceremonia de salutación con motivo de la llegada del año 2006, el pueblo dominicano tuvo la oportunidad de ver a un Presidente Leonel Fernández eufórico por el éxito de su política económica y comprometiéndose, por cierto que en un año electoral, a propiciar la generación de medio millón de nuevos empleos.

La seguridad con que anunció ese propósito y el de dedicar sus esfuerzos a consolidar los logros que han garantizado un crecimiento económico que superó las expectativas, permitiría deducir que a pesar de ataduras como el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la actitud poco flexible del Congreso el Presidente contaría con las herramientas necesarias para consolidar el repunte económico e inducir la generación de empleos.

Para sus fines, el Presidente deberá vencer el obstáculo que representa el déficit provocado por los cambios hechos a la reforma fiscal en el Congreso y la barbaridad de desencadenar alzas masivas al penalizar el gasoil; así como el encarecimiento de energía eléctrica, cientos de productos de consumo, así como las perspectivas nada halagüeñas en el comportamiento del mercado petrolero.

Sin duda, hay muchos factores adversos a las metas planteadas por el Presidente.

-II-

Ahora bien, el hecho de que el país lograra superar la profunda crisis económica provocada por el mal manejo del desplome de tres bancos, logrando exhibir un crecimiento impresionante al término del 2005, pone en manos del Gobierno uno de los indicadores más rentables y efectivos para atraer inversión: confianza.

En este caso en particular, ese indicador sin duda resulta potenciado  por el hecho de que la corrección del rumbo de la economía la ha logrado el Presidente que en su primer mandato hizo una hazaña similar, lo que mejora sus calificaciones de acierto en el manejo económico.

A esto habría que sumar el hecho de que las adecuaciones legislativas y administrativas hechas para poder calificar como participante en el Tratado de Libre Comercio (DR-CAFTA), dotan al país de un estatuto jurídico que elimina factores de desconfianza que han ahuyentado mucha inversión, tanto local como extranjera.

Proyectado ese estatuto jurídico más allá del TLC, tenemos condiciones ideales para atraer inversión extranjera de Europa, Asia y otras partes del mundo.

Esa seguridad jurídica facilita el flujo de inversión independientemente del momento en que entremos de lleno en el DR-CAFTA. Eso sí, el compromiso de crear empleo debería estar condicionado a que sea la inversión privada atraída, local o externa, la que cree demanda de mano de obra. En ningún caso debería hacerse a expensas del gasto público, el cual estamos comprometidos a reducir si se quiere consolidar los logros.