Consenso ¿para qué?

Consenso ¿para qué?

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Mientras se celebraba la Ronda Uruguay, que dio origen a la Organización Mundial de Comercio, los gobiernos y el sector privado de nuestro país actuaron de espaldas a tan importantes discusiones y acuerdos. Ahora, el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana es una enema que nos ponen forzados, como siempre, por el interés y la voluntad de la potencia hemisférica.

La distribución geográfica de las áreas de poder económico, comercial, industrial y monetario es clara.

Europa, China, India, Japón y Estados Unidos.

En medio de esos bloques hay países del Asia y de América que carecen de voz porque no tienen, no producen bienes en cantidades tales como para ser tomados en cuenta de forma separada.

Ante la Unión Europea, que va a permanecer unida pese a los noes de franceses y holandeses a la Constitución.

Frente a una Unión Europea poderosa, industrialmente desarrollada, con los hilos del comercio mundial en sus manos, América necesita unirse para proteger sus intereses.

Ellos, los del norte, norteamericanos y europeos, discuten si continúan los subsidios a sus productores agropecuarios, pero no nos permiten que nosotros subsidiemos nuestros productores.

Continúa esa política de hacer lo que les da la gana con nosotros y nuestro «socio» Estados Unidos, es el que primero nos coloca el zapato en el pescuezo para que aceptemos sus imposiciones, aunque ellos vaya en contra de nuestro interés nacional.

No conozco, pero sé que debe existir un estudio sobre cuánto han dejado de producir los países de América en la agricultura, la ganadería y los derivados de ambas actividades por efecto de la desaparición o mengua importante de la producción de esos renglones y por las importaciones subsidiadas de los mismos desde Estados Unidos y Europa.

Nosotros debiéramos producir todo el aceite comestible que consumimos pero hemos dejado que nos embauquen con la solfa de que el aceite de coco es dañino a la salud; nada más falso.

Las naranjas, los mangos y otros frutos se pierden en el suelo de muchos campos mientras pudiéramos hacer pulpa para helados, mermeladas y confituras, para sólo citar algunos ejemplos.

Mientras, se toca el ritmo lento y adormecedor del consenso para beneficiar, nuevamente, a los Estados Unidos, que necesita atarnos cada vez más a su comercio, en las condiciones que imponen, nuestros campos permanecen incultos, la crianza de ganado decrece, la producción de leche languidece y la industrialización de nuestros insumos es prácticamente inexistente.

Cuando se forme el consenso, que en nuestro país es una suerte de piñata, en una fiesta en la cual al pueblo sólo le toca el papel de observador-perdedor, preocúpese de indagar en qué se beneficia el país, su aparato productivo, la generación de empleos, la industrialización de nuestros productos primarios.

La unión, ciertamente, hace la fuerza, pero eso se logra cuando la unión es verdadera, sincera, solidaria, real. Lo contrario es imposición, ventajismo, marrullería y artes de birlibirloque para engañarnos, ahora con tratados con los cuales continúa la política del embudo con la parte ancha para ellos.

Ante la fuerza de los bloques comerciales-industriales-políticos que se conforman a partir de la Unión Europea, nuestro continente necesita unirse para explotar sus recursos naturales, tierra, agua, minas, riqueza marítima, aire y talento humano, para beneficio de todos. Ese es el consenso que necesitamos.

Se firmará el Tratado de Libre Comercio; en eso están los magos de la palabra altisonante y hueca; ahora hay que esperar que sea para beneficio mutuo.

Por supuesto, dadas las experiencias, dudo que salgamos beneficiados.